Con ánimo de bailar

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Ang Lee: Lujuria, precaución (2007)

“Sólo en la oscuridad sabes lo que es real” (Lujuria, precaución)
No son las fragilidades del cuerpo las que te hacen ceder, sino las intermitencias del corazón. Por más que hagas tu acto y cumplas tu papel, la mirada ha sabido tentar el cuerpo hasta llevarlo a la cama, conflicto de gestos, latencias del sentimiento. Lee y Wong, enredados entre sus cuerpos, sombras de deseos, violentan sus roles y sus ideales. Del sexo entre ellos se siente la urgencia de la excitación, del riesgo natural que brota de cada sentimiento. La violencia es un vago recuerdo de los tiempos de guerra recrudecios, a la vez que desnuda los deseos de los amantes. El sexo es su manera de acallar los conflictos haciéndolos sudar a flor de piel, así como el mahjong es un escarceo, más juguetón e igual de agudo, sobre lo que se deja en peligro con toda relación social. La conquista de un corazón esclaviza el cuerpo del amado tanto como el del amante. El trabajo encubierto, sea el de una actriz, sea el de una espía, gajes del deseo, siempre permea sus peligros hacia el interior. Aunque el rostro pueda encubrir, no es sólo el cuerpo lo que queda desnudo.
Atrás quedan las impresiones y el idealismo de amateurs del grupo de La Resistencia, atrás queda la seducción como un juego de trampas, atrás queda cualquier preparación y ensayo, caída queda la máscara, desarmado el corazón, ante la sinceridad de los gestos. 
Ya que el porqué poco importa: cómo el quiénes somos resuena con más fuerza que el quiénes tenemos que ser. Cuerpo y gesto están en permanente conflicto.

Kar Wai: Fa yeung nin wa / Deseando Amar (2000)

“Ves mejor con tus oídos”, Happy Together. Desde hace semanas me ha atraído ver una película de Wong Kar-Wai escuchándola nada más. Ojos cerrados, tal vez, o cubriendo la pantalla hasta sólo dejar los subtítulos. (No hay que temerle al ridículo ¿no?). Su uso de canciones y sonidos es tan provocador como sus imágenes. Deja respirar uno y otro hasta crear un ritmo, ritmo de ausencias, silencios, enamoramiento. Deseando Amar conjuga el amor desde el grosor de la rutina: desde las posibilidades desgajadas de los silencios, las incertidumbres. Compartir la soledad y las sospechas produce cómplices, cómplices no sólo de tácticas, también de sentimientos.

Qué le dicen los personajes a la naturaleza. Cada lugar secretea enigmas de nosotros, como si sólo la naturaleza pudiese resguardar lo más escondido de nosotros. Las palabras, sean sonidos de felicidad, dolor o incertidumbre, cuando son secreteadas a la naturaleza, parecen aligerar o al menos compartir el peso que genera cada sentimiento dentro de uno.