The Truman Show (Weir, 1998) entre las 100 Mejores de los 90’s según la Sociedad Internacional de Cinéfilos

Su nombre, Sociedad Internacional de Cinéfilos, hace que me imagine a un montón de geeks reunidos en una enorme sala de proyección discutiendo o departiendo sobre el cine. De sólo pensarlo, me encantaría formar parte de ese grupo, aunque aquí en Caracas sea un tanto irreal llevarlo a cabo físicamente.

Hace un par de días ellos escogieron las cien mejores películas de la década de los noventa y, ya que incluyeron a The Truman Show y todavía está fresca del tiempo que la tuvimos aquí, cito las palabras que le dedicaron a la película. Está en el puesto 47.

Unus Pro Omnibus, Omnes Pro Uno

Durante muchos años después de su estreno, consideré que The Truman Show era mi película favorita de todos los tiempos… Literalmente, me quitó el aliento cuando entendía que Cristof iba a hacer que el sol saliera en medio de la noche, o cuando Truman tocó el cielo… Ya hoy no la voy a llamar “la mejor película de todos los tiempos”, pero todavía es un tremendo filme con uno de los guiones más inteligentes jamás escritos. Además añado que amo todo lo que ha hecho Peter Weir hasta ahora (bueno, excepto The Cars That Ate Paris).

The Truman Show obviamente fue un riesgo para hacerla, es casi como caminar sobre hielo. Y aun así, ni siquiera por estar tan cargada de metáforas puede ser desmerecida porque está realizada con la precisión para conjugar sus ingredientes específicos. Simplemente funciona, y funciona en tantos niveles; como un drama entre padre e hijo, así como una metáfora entre Dios y el hombre, el Estado vs. el ciudadano, e incluso Director vs. Actor

The Truman Show también fue ciencia ficción. La película nunca lo trató directamente, pero es seguro decir que situaba su trama en un futuro próximo. Ahora nosotros estamos viviendo en ese futuro en los que los reality shows son parte de nuestra cultura. Y hemos sido testigos de las transmisiones en directo de vidas reales. La gente está dispuesta ahora a comprometer sus vidas a los shows de televisión, no como nuestro pobre Truman que nunca pudo decidir sobre su vida hasta que el final de la película.

Es un sentimiento común a todos los seres humanos, esta paranoia de que nuestras vidas están siendo observadas y controladas sin que lo sepamos, y que la gente cercana es parte del juego. Es, sobre todo, una cuestión de la infancia, pero también va de la mano con el hecho de que tendemos a vernos como el centro de la Tierra. Todos lo estamos de alguna manera, desde nuestro punto de vista personal. Pero eso es también extremadamente terrible. En el caso de Truman, lo vemos enfrentar sus peores temores para liberarse de tales restricciones.

Puede que sea su condición excepcional lo que le brinda el coraje y la fuerza para huir de su infierno, el cual está notablemente diseñado como un paraíso (Cristof define el mundo que creó para Truman como el que debería ser; y ese es un tópico sobre el que se podrían escribir muchas páginas). Pero no todos escapan de sus jaulas. Vemos a la audiencia durante la película, ninguno de ellos capaz de dejar de ver la transmisión. Un hombre supuestamente viviendo en la bañera… Dos viejitas nunca vistas fuera de sus sofás… La gente en el bar o los vigilantes en la cabina… Peter Weir nos muestra que todos vivimos en tales jaulas y, al final, The Truman Show es una catarsis para todos nosotros a la vez que el show ficcional de televisión dentro de la película lo es para estos que lo han estado siguiendo apasionadamente.

Por ende, The Truman Show también puede ser visto como una crítica a nuestras vidas modernas, las jaulas que creamos para nosotros mismos. Y estamos en una condíción tan patética que las películas y la televisión son nuestra única esperanza.

Así que díganme, ¿realmente piensan que Elizabeth, La vida es bella o, incluso, Shakespeare enamorado, fueron mejores películas que The Truman Show (como le pareció a muchos miembros de la Academia)?” Ali Ercivan, Turquía.

Aquí va el enlace al resto de la lista. Yo luego la publico completa: http://icsfilm.org/Top90s/ICSTop90s.htm

Acostrumbrarse a la realidad cercana: la vida sin ambiciones

Esa caja mágica que es la televisión puede ser fascinante. Es un imán que siempre atrae mi mirada, aunque no siempre mi atención. Es difícil no dejarse llevar por su información, ya digerida y fácil, pero que invita instantáneamente a curiosear otros mundos desde la comodidad de nuestra casa. Es el ojo mágico de la puerta a otros lugares, hogares incluso. Esta es la impresión que me dan los encuadres a Truman cuando está siendo filmado por una cámara de televisión: es una visión limitada y torpe de su realidad, glorificada por los intentos sobrellevados de música grandilocuente y de giros tanto de trama como de cámara. Es así como la televisión le da forma a nuestra manera de ver las cosas uniformándolas, acomodándonos a quedarnos detrás de la puerta espiando por el ojo mágico, sin salir del apartamento. Pero esto es, apenas, una invitación. La programación televisiva no nos obliga a conformarnos, sino más bien somos nosotros que nos sometemos a la rutina diaria que invita al estancamiento de la mediocridad. La película no es una crítica a la televisión, sino una mirada aguda a la vida hecha pública: la apariencia de lo real detrás de los reality shows, pero no para hacernos participar en ellos, sino para mantenernos como voyeurs.

Así, a lo largo de la película, hay una impresión de estar viendo una vida mediocre, sin pretensiones, asustada por el mínimo obstáculo que se presente, más volcada hacia la controversia de eventos (lo eventual en la vida de Truman) antes que hacia el descubrimiento (el deseo débil de Truman de ser explorador que opacan con justificaciones absurdas); y que son los intentos más reincidentes de Truman y su curiosidad los que le brindan cierta emoción a su vida. Pero no es hasta el final, ante la oscuridad que ofrece abrir la puerta del set para irse, que la incertidumbre emociona más que la vida hecha espectáculo. Literalizar que cada momento de la vida es, no sólo teatro sino también espectáculo, obliga a pensar que el ocio sea la razón por la cual el personaje y el espectador existen: que el hacer no permita transformar y que ver sea hecho sin atender (sin hilar los vínculos entre lo que vemos y lo que imaginamos). Tal vez sea esta falta de ambición la que se traslada a toda la película para hacer sentir que es esta la que no dice nada, pero en realidad es a la televisión y la vida hecha espectáculo público a la que el filme está tildando de llanos, mediocres y manipuladores, no sin antes aprovecharlos para retratar los recovecos de la televisión. En esto, The Truman Show espejea con Network (1976) de Sidney Lumet, más sarcástica y tan compleja que fue profética del alcance casi sádico de la televisión.

Algunas citas de Peter Weir, director de The Truman Show, a propósito de la película. Semana III.

“El otro día escuché a alguien decir ‘¡Qué película tan bizarra!’ (…) No me parece. Creo que la vida de ahora es escandalosa, y la película refleja eso”

“La gente me ha dicho que, luego de salir del cine, ven las cosas de una manera distinta y bromeaban sobre si estaban en frente a una cámara o no”

“Incluso durante un tiempo tuve una idea muy loca, que era técnicamente imposible. Me hubiera encantado tener instalada una cámara en cada sala de cine en la que se que proyectara la película. En cierto punto, el encargado podría interrumpir la proyección y mostrar en pantalla a los espectadores de la sala y luego volver a proyectar la película. Pero pensé que era mejor dejar esa idea sin llevar a cabo”.

“Yo creo que, como lo vimos todos con el escándalo con la princesa Diana, la gente que estaba consternada por su trágica muerte, ocasionada por la persecusión de los paparazzis, eran los mismos que compraban las revistas y los periódicos sensacionalistas. Es una situación compleja y no puedes culparlos. La amaban, pero querían ver cada momento de su vida. Si ellos hubieran tenido una cámara en su casa, ellos habrían tenido la audiencia de The Truman Show o más”.

“Cuando aplicaban el código Hays (que gobernó sobre las películas de Hollywood desde 1930 hasta 1966), los directores eran más ingeniosos con sus maneras de mostrar la atracción entre los hombres y las mujeres, el amor y la lujuria. Con el fin de esos días -y quién discutiría que no debían terminar- yo intenté aplicar las lecciones que aprendí con esos directores: menos es más. Así permites que el espectador se úna a realizar la película usando su imaginación (…) Claro, esto implica presuponer que la audiencia se va a unir y que tiene tal imaginación. Puede ser más difícil en esta época ahora que las películas son tan didácticas, y le presentan todo al público (…) Todo lo que tienen que hacer ellos es sentarse, comer cotufas y mantener sus ojos abiertos. Mientras que a mí me gusta una película y filmar una película en la que, al menos emocionalmente, tú te estás integrando y completas la película conmigo”.

http://www.tipjar.com/dan/peterweir.htm