Diálogos inconclusos: Shame (2): Brandon y Sissy

CÉSAR: Cabría preguntarse si se debe decir que la angustia de Brandon simplemente se acentuó con la llegada de Sissy o si, más bien, se volvió un problema para él. Antes lo vemos en su soledad, quizás ya vergüenza, pero ¿angustia? ¿No apareció como problema para él con Sissy?

YAMILETH: Para mí tiene peso esa entrada porque Sissy desencaja la rutina de él, vida física es vida psíquica también.

CRISTINA: Sissy es un catalizador, pero no creo que sea vergüenza lo que él siente al comienzo. Ya él iba por ese camino. Si estaba ‘cómodo’, no estaba tranquilo con esa situación.

EDUARDO: Yo no sé. ¿Cómo puede estar cómodo alguien inquieto? La llegada de Sissy es importante para acentuar el problema, pero la película empieza con Brandon como una imagen de su inquietud, esta imagen invertida de su cuerpo al borde. Quiero decir, Sissy es importante como reflejo de él, de que el caos de Brandon es un caos organizado con respecto al de ella, pero es caos en fin.

CÉSAR: Yo creo que antes de que llegara Sissy, Brandon está ‘cómodo’ en su humillación, en la degradación que siente y disfruta con su vida sexual. Pero cuando es confrontado a través de Sissy, y ve a alguien amado (y quizás el problema no sea de ‘reflejo’, creo que Brandon no es tan narcicista) en su situación, entonces no puede soportarlo.

YAMILETH: César, pienso que cuando algo nos refleja, ahí, exactamente, es donde estamos relacionándonos con un yo, quizás más interno que, claro, puede calar en vergüenza y demás. Yo no creo que sea vergüenza lo que Brandon siente al comienzo porque ahí hay sentimiento, atracción, un límite más que su yo no permite cruzar.

EDUARDO: ¡¿Cómodo?! Cómo va a estar cómodo con esa primera imagen de él acostado al borde. Y si ésta no les convence, pues veamos la del filthy hardrive que tampoco tiene que ver con su hermana. ¡¿Dónde está él justamente cuando habla con Marianne y después de que el jefe le ha hablado de su disco duro?! Su cabeza está fuera del plano. Apenas cuando ella aparece y hablan del azúcar, se asoma la nariz y parte del rostro de Brandon, pero de resto, está fuera de la imagen. Acaban de descubrirlo y esto lo (y nos) descoloca. Es como cuando bota toda su pornografía, su computadora portátil y hasta su comida: la siguiente imagen es él de espaldas a nosotros, su cabeza tan gacha que ni la vemos y, de fondo, las persianas cerradas.

CÉSAR: Claro, comodidad no es felicidad. Más de una vez estamos en situaciones que nos perjudican pero proporcionan tal nivel de seguridad que no salimos de ella. A eso me refiero con esta primera etapa de Brandon. Además, es un adicto. Qué mejor comodidad para un adicto que recibir su droga como y cuando la necesita.

EDUARDO: Exacto, es una rutina, pero es una rutina de inquietudes. Tal vez toda la película se trate de la rutina de estos inquietos.

CRISTINA: Cómo me refiero a que era su vida, su rutina, pero no que estaba a gusto o en paz con la situación.

MOISÉS: Pero no quiere salir de esa rutina, le gusta.

CRISTINA: No, no le gusta.

EDUARDO: ¿Quién es el que parece un fantasma cuando seduce con su mirada a la chica en el metro la primera vez? Si es fantasma para nosotros, lo es para él mismo.

MOISÉS: ¿Y si no se ha dado cuenta?

EDUARDO: Pero una imagen implica darse cuenta. Brandon está pendiente de su imagen, de su apariencia (y, en esto, es doblemente significativo lo cuidada que está la película en su composición, cinematográfica y visual), pero eso no quiere decir que no pueda ver más allá de sí. Y es la imagen la que nos agrieta mientras la apariencia se encierra en sí misma.

CÉSAR: Bueno, eso es una explicación, pero si seguimos con el tema de la comodidad, la cena con Marianne era una situación bastante amenazante para él, por el tema del compromiso, los sentimientos. Ante la amenaza, es impotente. Es sacado de su “zona de confort”, el sexo casual.

YAMILETH: Sí, qué desajuste esa cena con Marianne y el posterior encuentro fallido con ella en el apartamento-mirador

EDUARDO: ¡Y esa escena luego de ‘tirarse’ muy a lo porno a la otra en ese ‘mirador’! Atardeciendo, con el barco al fondo que pareciera atravesarlo y perderse en su silueta.

YAMILETH: Y que es la ‘satisfacción alucinatoria del deseo’ puesta en bandeja de plata de lo que había visto antes de entrar a la cita con Marianne. Lo cumplió, sí, con una puta.

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Diálogos inconclusos: Shame (1): Brandon y el narcicismo

“¡No encontraba boca para besar! Una voz interior pareció reprocharle: – ¡Insensato! ¿Cómo te has enamorado de un vano fantasma? Tu pasión es una quimera. Retírate de esa fuente y verás como la imagen desaparece. Y, sin embargo, contigo está, contigo ha venido, se va contigo ¡y no la poseerás nunca!” (Las metamorfosis, Ovidio)

CRISTINA: ¿Es Brandon un narcisista? Yo voy y vengo, todavía no estoy segura de que lo sea. Siento que él está consciente de su malestar, así que ¿hasta dónde el narcicista está consciente de que está mal?

YAMILETH: Yo sí creo que Brandon sea narcisista, sólo que hay muchos niveles y estados de narcicismo, unos más primitivos, otros más dilatados.

CÉSAR: No, yo no creo. La relación entre Brandon y Sissy da cuenta de que Brandon es capaz de ver más allá de sí mismo, aunque levante mil paredes ante Sissy. Alguien narcicista no es capaz de ser afectado por el dolor de su hermana.

MOISÉS: Para mí sí lo es y creo que Sissy lo hace verse a sí mismo.

CRISTINA: Sí, estoy de acuerdo con César. ¿Qué les hace pensar que es narcisista?

EDUARDO: ¿Para ustedes el narcicista es, por decirlo de alguna manera, un completo engañado ante su propia imagen, entonces?

CRISTINA: Sí, es un engañado, pero no sé si completo, por eso mi duda.

MOISÉS: Para mí, es quien busca satisfacerse a sí mismo.

EDUARDO: Yo me quedo con la duda, y si nos quedamos con ella, implica que si no es narcicista, está bastante cerca.

CRISTINA: Y, sí, es cierto, esto de encerrar a las personas en patologías es una mierda, pero a veces es necesario.

CÉSAR: No, para mí, el narcicista es quien admira su propia imagen. Y Brandon desprecia cada trozo de su imagen y quisiera destruirla, agitar el agua donde se está reflejando.

EDUARDO: Casi estoy de acuerdo contigo. En el mito, el propio Narciso se lamenta de su pasión. Cambia ‘de su imagen’ por ‘sí mismo’ en eso que dices y estoy totalmente de acuerdo. Él está satisfecho con su apariencia, pero no con su imagen.

YAMILETH: Una de las escenas que más me hace pensar que sí es un narcicista es la cita con Marianne en el apartamento-mirador. Ahí él no logró “tirársela” porque es incapaz de “dar” al otro algo de sí, estaría perjudicándose, arriesgando, dando, emoción. Hablo de afectos, de la vida de los afectos, esta vida en la que él parece, sencillamente, un niño

CRISTINA: No sé, el amor del narcicista es un amor falso, una máscara.

CÉSAR: Pero Narciso se ve reflejado en el agua, ve su réplica exacta. No hay falsedad ahí. La imagen del narcicista pudiera ser real o ficticia, lo importante es que la ame.

CRISTINA: ¿Y cómo puede ser narcicista una persona tan destruida, tan inconforme con él mismo a nivel consciente? Además que para el narcicista nunca se ve a sí mismo como el problema.

YAMILETH: Cris, alguien consciente hace algo para cambiar el malestar. La conscientización sin cambios no puede ser conscientización.

CÉSAR: Ése es el gran fracaso de la psicoterapia. La conscientización puede ser bastante inútil. Al final, yo creo que alguien narcicista es, ante todo, un hijo de puta. Y cuando él se conmueve ante el talento de su hermana cuando canta, ante la belleza de alguien que no es él, para mí es muestra de que no es narcicista.

EDUARDO: Tal vez entonces no se trata de que esté ‘consciente’ en vista de que no hace algo (botar la pornografía no es suficiente si la siguiente noche termina como termina Brandon), pero desde el comienzo, esa primera imagen nos descoloca, con él al borde del plano, cadavérico y a duras penas ese azul que lo acobija.

Puesto #3 de nuestras favoritas de 2010

Obsluhoval jsem anglického krále o “Yo Serví al Rey de Inglaterra” (Jirí Menzel, 2006)
Elenco: Ivan Barnev, Oldrich Kaiser, Julia Jentsch, Marián Labuda

Manuela: Yo serví al rey de Inglaterra es un hombre mirándose al espejo, reconociendo su pasado, admirando sus recuerdos como un álbum fotográfico. Mirando un pasado en donde lo material lo es todo desde un presente donde el protagonista no tiene nada material, donde lo que realmente importa no puede comprarse.

Eduardo: Sí, Manu, aunque habría que estar atentos a que siempre se necesitan los espejos, como Jan colecciona espejos en la cabaña. “Verme a mí mismo es suficiente”, sí, pero ni siquiera las reflexiones de un hombre sentado ante su pasado es suficiente cuando no hay objetos en los que reflejarse, sin estas reflexiones de imagen.

Manuela: Lo de los espejos es hermoso.

Eduardo: A mí lo que me parece más fascinante de la película es esta imagen de los espejos. Es como si cada época de la película le devolviese al protagonista, ya envejecido, reflejos amargos o evocadores de sus sueños. Y, a su vez, con cada una de sus amantes, él les devuelve un reflejo de cómo las ha amado. Para mí los espejos articulan todos los aspectos de la película a través de una serie de reflexiones; reflexiones de imágenes, de temas, de épocas y de personajes.

Damián: La película iba muy bien hasta que aparece la guerra.

Manuela: Porque la guerra lo lleva todo a la mierda, pero luego vive del recuerdo ¿no?

Eduardo: Por esa sucesión de reflexiones (insisto, no sólo temáticas, sino imaginales), no me molesta en lo absoluto la guerra. La guerra es la consecuencia natural de la actitud de Jan hacia la vida, la actitud de los checos, como él mismo señala, “de no ir a la guerra”. La indiferencia hacia su propio país los lleva a la guerra; una guerra a la que, igual, Jan ve a través de ideales: sea el ideal patriótico cuidadosamente parodiado en el personaje de su esposa, o seal el ideal económico que él mismo alcanza en ese gesto tan pedante de montar dinero en la pared del hotel que compra.

Moisés: Y también se ve cuando se hace pasar por alemán, cuando se “nazionaliza”.

Manuela: Qué asco me dio eso. A mí me costó reírme.

Moisés: Es demasiado cómico: lo trataban como un alemán de “segunda categoría” y él ahí solo en un busca de ese “ideal”.

Manuela: Pobre Jan. Era un masoquista.

Eduardo: ¿Acaso, con cierta complicidad sí, pero no sentimos la misma repugnancia hacia él cuando pega el dinero en la pared como la que sentimos hacia su esposa con sus ideales nazis? Hay un dejo de superioridad y de estupidez tanto en su búsqueda por el dinero como en la búsqueda de ideales patrióticos. Y, aun así, la película se cuida de no parodiar demasiado a sus personajes ni las situaciones en las que se ven envueltos. No hay condescendencia en su mirada y, más que ternura, es una agudeza para descubrir el humor y la amargura (no la del reproche, sino la de la tristeza en lo que nos hemos tardado en descubrir como error) en Jan.

Manuela: Sí, bueno, pero ya a Jan le teníamos cariño. Me pareció infantil, pero no repugnante. Porque realmente Jan es como un niño, un niño que quiere más y más dulces, que quiere seguir jugando.

Moisés: Sí, en comparación con el Jan mayor que vemos a cada rato y nos está mostrando sus errores.

Manuela: La cárcel funciona como esas cachetaditas que queríamos darle, evidentemente lo hace reflexionar y madurar.

Eduardo: Para mí no es una cuestión de madurez (sería olvidar los atisbos de inocencia en su mirada y de juego en su sonrisa), ni de una oposición joven/viejo (habría que notar cómo incluso los tonos opacos casi sepia de las escenas de su vejez conservan una alegría que va más allá de la nostalgia y la iluminación de sus escenas de juventud es tan brillante que a ratos nos recuerda el carácter ideal de varias circunstancias), sino de una mirada compleja hacia su vida. No es que la cárcel lo haga madurar, porque ha sido antes que la amargura de esta conciencia de reflexiones me hace un nudo en la garganta. Es que la cárcel es otro de sus reflejos, incapaz de que fuese reflexión si no existiesen las demás situaciones en su vida. La película capta los matices de cada uno de sus trabajos, de cada una de sus amantes, de cada uno de sus anhelos como si fuera cada moneda con la que él se burla de los demás.

Damián: La película es una excelente parodia que se exacerba en la imagen de la guerra y arruina su final. No es que quiso hacer de eso un símbolo, más bien me parece el extraño fenómeno ese de tiempo que se observa en tantas películas, pecan de inmediatez hacia el final.

Eduardo: El final es lo más arrollador de la película, con su encanto de alegría efímera, todavía con las lágrimas y la amargura, por esto mismo, alegría reafirmante. No me atrevería a decir que es un final feliz, sino el final de un hombre consciente de que la alegría nada tiene que ver con la amargura del que posee, sino con la sonrisa de quien está desprovisto de posesiones.

Moisés: La película es una constante reflexión de un país que mira su pasado. Y que a pesar de los errores cometidos, construye a partir de las cenizas algo nuevo. Creo que sin profundizar mucho y sin saber mucho del problema checo, hay algo de la forma de la identidad nacional que está presente en la película. Como si fuera una reflexión interna, somos así, porque fuimos esto, pero a pesar de ello, se puede construir algo.

Eduardo: Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, Moisés. El espejo siempre devuelve una posibilidad también y esto nunca lo olvida la película. Somos así: fuimos así: ¿podemos ser otros?

Nuestro Top 20 del 2010 (3)

[empate] 11. Un Prophète o “Un Profeta” (Jacques Audiard, 2009)
Elenco: Tahar Rahim, Niels Arestrup, Hichem Yacoubi, Adel Bencherif

En la tensión que se va gestando a lo largo de Un Profeta, con su violencia frontalmente inquietante, al mismo tiempo crece un misticismo alrededor del aprendizaje y la supervivencia de Malik como mafioso de la cárcel, como si las decisiones de Malk estuviesen cargadas de un esoterismo que atraviesan la certeza, que superan la reinserción de él a la sociedad desde trabajos de la cárcel, la constancia en desenmascarar el trabajo sucio de César Luciani (qué miradas y qué presencia la de este patriarca de la mafia) o los encargos que recibe en el camino. Hay una conciencia de ser limpio con sus negocios, hay una seguridad hacia dónde va con sus planes, que le brindan una tremenda presencia al personaje gracias a Tajar Rahim y le brinda otras dimensiones, estas más inquietantes como el sueño con Reyeb, el sueño y el encuentro con el venado y su compartir con Reyeb. Es como si Malik alcanzara un nivel de libertad y pureza a través de su vida en la cárcel como la imagen del venado que corre por el bosque. No es, en sí, una pureza, a fin de cuentas su trabajo es entre mafias, asesinatos, drogas, pero las intenciones detrás de sus acciones, y también los errores detrás de ellas (su manera de asesinar, por ejemplo, torpe y que nos hace sentir incómodos e incluso empatía por Malik, pero nunca piedad), hacen que la transformación de él sea como un misterio de la naturaleza, como el descubrimiento de un venado que se atraviesa en la vía. Y es que el nacimiento de Malik como mafioso, con sus negocios, con la sangre que lo empapa hasta dejarlo temblando, es tan perturbador como este encuentro. Estremece con la fuerza de la violencia, nos mantiene atentos, nos envuelve en el misterio de tal transformación y está atenta a las consecuencias morales de tal educación. Es como si la supervivencia dentro de la sociedad convirtiera incluso el aprendizaje de la escritura y de la lectura en un misterio del alma en torno a la violencia. En esto, la música, con la finura de Desplat, parece rastrear este alumbramiento o metamorfosis (para arrebatarle un poco de pureza y brindarle más crudeza) con sus composiciones.

Al darle nombres a las partes de la película, Audiard le brinda un carácter episódico que parece marcar la supervivencia y el aprendizaje de Malik por etapas, por un ascenso paulatino y no estrepitoso, sino meditado.

Invictus (Clint Eastwood, 2009)
Elenco: Morgan Freeman, Matt Damon, Tony Kgoroge, Patrick Mofokeng

“No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;

José Luis: Para mí, es una historia de revolución de ideales de un pueblo que vivió en la sombra del Apharteid.

Eduardo: Para mí, la palabra y la emoción que atraviesan a la película es la inspiración.

Moisés: … la inspiración de las palabras de un líder que busca unir la nación.
Eduardo: Exacto. Es inspiradora mientras más atiende al trabajo de cada uno de los grupos que conforman una Nación (el gobierno, el deporte, las familias, los miembros de la seguridad), pero también lo es en ese matiz juguetón y, sí, incluso ridículo, de lo que nos inspira. Constantemente hay un chiste y una atención a los lugares comunes de los prejuicios en una sociedad.
Moisés: Esto que dices yo lo veo muy bien al final cuando están oyendo el partido los policías por radio y el negrito se pone a oírlo y se va acercando cada vez más y de qué forma, al principio, esa parte en conflicto, se fue uniendo a la otra, ¿no? Hasta que al final están juntos riendo y celebrando por el triunfo de los Springboks.
Eduardo: Exactamente. Hay gente que desdeña la película por estos lugares comunes (como esta escena que mencionas o la de la señora de servicio yendo al partido), pero lo que me fascina es cómo la película trabaja para reírse y deshacerse de esos prejuicios a través del honor y la dignidad de Mandela. Y, en esto, nadie mejor que Morgan Freeman, con su voz profunda y acompasada, con su presencia sobria y la atención de su mirada, para hablar sobre la inspiración, el trabajo y el perdón desde sus años en la cárcel. Hay una firmeza, nunca pedante, sino generosa, que va armando una Nación con sus decisiones y con el trabajo en conjunto.
José Luis: No veo a otro en ese papel.
Moisés: Ay, ¡pero esas escenas son sabrosas! O las de los guardias de seguridad juntos.
Eduardo: Y, sí, son escenas muy sabrosas. Están muy bien ensambladas entre ellas. Se siente la emoción, no sólo durante los partidos, también en toda la preparación de estos. Es una combinación de jugadas (de estrategia) y de juegos (humor, encuentros, diálogos, reflexiones).
Moisés: Sí, en la preparación de los partidos había mucho entusiasmo. Yo estaba fascinado en esa parte. ¡Wow, cuando los jugadores recibieron a Mandela la primera vez, desde ahí sabía que ya todo no iba a ser igual!
Eduardo: Si esta película es un homenaje al trabajo de Nelson Mandela, también lo es al trabajo en equipo, sea en un campo de fútbol, en la oficina de gobierno o en esfuerzo de una sociedad.
José Luis: No puedo creer que no les importe el tema de la segregación racial que la película muestra… Que la abandonen por el simple hecho de una historia de inspiración…
Moisés: Yo no sé si el tema sea la segregación racial o la (des)segregación. Más bien la unión y el perdón.
Eduardo: ¡Sí! La segregación racial es parte del pasado de Sudáfrica y la película lo esboza al comienzo. Pero lo emocionante es la estrategia de Mandela y de su gobierno en alcanzar la unión y el perdón a través de una actividad cotidiana y que representa a una Nación como unidad: el deporte en equipo. Se podría culpar a la película de ser tan esquemática en cuanto al racismo (un par de noticias sobre el pasado de Mandela y su llegada a la Presidencia, roces entre los guardaespaldas, comentarios desdeñosos por parte de los ciudadanos), pero es que este no es su interés.
Moisés: O la sesión de los nuevos en el gobierno que querían cambiarle el nombre a los Sprinboks por The Proteas).
José Luis: Y a mí también me pareció bien cómo la película retrata la situación familiar de Mandela. Demuestra su humanidad, su mortalidad.
Eduardo: Exacto: mostrar que tampoco es un santo o un emblema, como también dice uno de sus guardaespaldas. Le da otra dimensión al personaje. Y es una manera de entender por qué tendría problemas con su ex esposa o con su hija: por su compromiso con la Nación.
José Luis: Esta allí el recuerdo… los estratos sociales, las zonas de un país se pierden en la cancha, en donde la victoria se silencia en el grito del pueblo… ¡qué grito al final de la unidad de su patria! La película no refleja el sueño de un hombre. Él no lo hubiera querido así. Refleja el sueño escondido de cualquier país en donde todavía se vive el distanciamiento entre sus vecinos.

José Luis: Para mí, es una historia de revolución de ideales de un pueblo que vivió en la sombra del Apharteid.

13. Tangled o “Enredados” (Nathan Greno & Byron Howard, 2010)
Elenco de voces: Mandy Moore, Zachary Levi, Donna Muprhy, Ron Perlman, Jeffrey Tambor, Brad Garrett
Es entrañable cómo las películas de Disney poseen un encanto de la sencillez en su tradición. Hay una inocencia en sus aventuras y en sus personajes; energía en sus canciones; gestos memorablemente macabros y chispeantes en sus villanos. Es esta la chispa que recupera Tangled, desde la tramoya pegajosa [algunos diríamos “regia”] de la canción “Sabia es mamá”, el correteo juguetón de la ilusión en “Sueño ideal” y el espectáculo visual de “Veo la luz en ti”, hasta los sacrificios a los que se somete Rapunzel. La sencillez no pertenece sólo al encanto visual de la película, también a la chispa de inocencia de los personajes en contrapunto con los guiños de malicia de Gothel (constantemente, se está burlando de Rapunzel, pero con la ambigüedad de una ironía que nos incluye en su juego, pero que Rapunzel no termina de captar). Este es un tremendo homenaje al Disney tradicional, a la energía que mantiene en vilo tanto los sueños de la princesa y su héroe como la maldad de la villana. Y, en esto, el trabajo de vocalización, aunque perdamos el original porque aquí llegan los doblajes, es una constante pronunciación de estos anhelos y planes en las canciones como en las interacciones cotidianas (Eduardo).

Nuestro Top 20 del 2010 (2)

[empate] 14(500) Days of Summer o “500 Días con Ella” (Marc Webb, 2009)
Elenco: Joseph Gordon Levitt, Zooey Deschanel, Geoffrey Arend, Chloe Moretz, Matthew Gray Gubler


Empezamos con el recuento de la relación entre Tom y Summer. Tom se enamora a primera vista de la chica. Summer no cree en el amor ni las relaciones y rompe el corazón del chico. Todo lo que sucede en este film nos hace pensar y preguntarnos ¿sólo creemos en el amor si lo hemos sentido? ¿las cosas suceden por una razón? ¿seremos las personas más cerradas hasta que llegue esa persona, quien quiera que sea, que nos haga replantearnos lo que pensábamos?
No importan los gustos, las diferencias, las similitudes, la belleza, el amor del otro. Solamente cuando llegue esa persona especial dejaremos de lado los prejuicios.
Ahora bien, las percepciones juegan un papel importante en esta película, como el amor puede ser ciego y dejarnos interpretar ciertas acciones a nuestra conveniencia, para cuando luego que se haya acabado todo la verdad nos golpee de frente (Germán T.).

Esta no será una historia de amor, pero sí es una película de cómo somos cuando estamos enamorados. Como escoge mostrar las amarguras o las medianías de la relación luego de las alegrías y las sorpresas, la película nos hace descubrir con ella las diversas impresiones de los sentimientos a través de diálogos, de la química entre Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel seduciéndonos hasta creer que son novios y desengañándonos hasta descubrir que nunca hubo química, y la música que nos arrastra con el pop más pegajoso hasta sonreír, enamorados o engañados (¿sinónimos al fin?). Al final, (500) Días con ella termina jugueteando entre las coincidencia y el destino, igual como nosotros, amantes o amados, nunca dejamos de tantear, inquietos, frágiles aunque aparentemos seguridad, instintivos, los susurros del cuerpo al corazón entre las aseveraciones de la mente (Eduardo).

Megamind o “Megamente” (Tom McGrath, 2010)
Elenco de voces: Will Ferrell, Brad Pitt, Tina Fey, Jonah Hill, Justin Theroux, Ben Stiller, J. K. Simmons

Megamente narra la historia de un Superman al revés. Enviado desde un planeta a punto de dejar de existir, no corre con la misma suerte que su compañero de travesía Metroman y en vez de caer en una mansión de millonarios, aterriza en la cárcel de Metro Ciudad donde crece. Desde ahí, la burla —a lo Shrek— hacia los clichés más frecuentes en las películas de superhéroes destapan las carcajadas de los espectadores hasta que salen los créditos.
Quizá la película cae en lo predecible, algo poco evitable en este género. No obstante, surge por su certeza humorística que exagera, de forma muy inteligente, la ironía y las contradicciones de otras películas. Nada hay de esta evidente y ridícula forma (¿de comicidad?) para hacer referencias utilizadas en largometrajes como Scary Movie.

Por otra parte, los personajes de Servil —su mano derecha— y Roxanne hacen dudar a Megamente de sí mismo y lo ponen en razonamiento constante de que logrará su punto máximo cuando derrote a su archienemigo Metroman y no sepa qué hacer al finalmente haber conquistado el mundo (Moisés Lárez).

The Men Who Stare at Goats u “Hombres De Mentes” (Grant Heslov, 2009)
Elenco: George Clooney, Ewan McGregor, Jeff Bridges, Kevin Spacey, Stephen Lang

Imaginen que Los Cazafantasmas está basada en una historia verdadera. Imaginen que “El Tipo” de The Big Lebowski es un general de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Todo es verídico, ¿verdad? Eso es lo que The Men Who Stare at Goats casi quiere que nosotros creamos. Yo sí lo creo — hasta cierto punto, casi. “Esto es más verídico de lo que podrías creer,” anuncia la película en los créditos iniciales. 

 
“La película aprovecha un tiempo glorioso para satirizar los extravagantes límites a donde llegaría la milicia y los cuerpos de inteligencia de creer que hay una recompensa al otro lado” (Steven Rea, philly.com)
 
Alice in Wonderland o “Alicia en el País de las Maravillas” (Tim Burton, 2010)
Elenco: Mia Wasikowska, Helena Bonham Carter, Johnny Depp, Michael Sheen, Stephen Fry, Alan Rickman

“Verdadera y locamente maravillosa. (…) Ni siquiera el estilo extravagante marca de la casa del director te prepara para el espectáculo intensamente disfrutable que es ‘Alice in Wonderland'” (Michael Rechtshaffen, The Hollywood Reporter)

Alice funciona mejor como la alucinación de un adulto, que es como lo interpreta brillantemente Tim Burton hasta el tercer acto” (Rogert Ebert, rogerebert.com)

Otra piedra para Mario y Natalia

–¡Escúcheme! –le dije con precisión–. ¡Óigame, Nastienka! ¡Todo lo que voy a decir es un absurdo, una gran, una gran tontería! ¡Soy perfectamente consciente de que esto nunca podrá llegar a ser realidad, pero entiéndame, no soy capaz de callar por más tiempo! En nombre de todo el sufrimiento que usted está sintiendo, le suplico con antelación, que me perdone.

De Fedor Dostoievski: Noches Blancas

La primera vez que vi Noches Blancas de Luchino Visconti me quedé ensimismado y absorto por unos minutos, sin saber qué decir, ni qué comentar; y pasé días pensando y pensando en la película, que la vi varias veces. La imagen que muestro arriba me parece que resume toda la película: un personaje feliz y el otro preocupado cuyos papeles que se intercambian y se contagian a través de toda la cinta, hasta el final abrumador y determinante de Mario y Natalia, dos completos desconocidos. Ahí ella lo toma del brazo y él, sin poder alejarse y sin quererlo, deja ver en su cara que se ha dado cuenta de que vive una fantasía efímera. Natalia, por otra parte, se deja sumergir por primera vez en esta fantasía, empujada por Mario y cree que algo nuevo puede ser construido. Noches Blancas es una historia de amor individual, porque sólo uno puede amar a la vez, así sea a otro, a un recuerdo o a un fantasma. El amor -ese estado de plenitud y felicidad que se siente sólo por estar con otro- en la película es como una sola piedra en una balanza, inestable, queriendo estar de un lado y del otro y con la tarea de no dejar que alguno de los lados de ella llegue al tope. Este amor individual perdurará hasta que uno de ellos decida resolver el futuro.

Sexta reunión de Moviemiento: martirio, náusea y asco

Yo todavía no me convenzo de que Grace busque ser maltratada por los demás, como si fuese una mártir o, peor, una ‘mosquita muerta’, como dicen por ahí. Me parece más bien que ella quiere deslastrarse del poder y la arrogancia de su papá. Por esto intenta ser útil para el pueblo de Dogville y se deja llevar por los abusos. Para mí, de su parte es más un dejarse llevar que una decisión propia de que abusen de ella.