Lo mítico en Bashú.

Bashú, el extranjero es indudablemente una película diferente. No sé si les sucedió como a mí, pero al comienzo me costó conectarme con las imágenes que presentaba el film. Se sucedían una tras otra pero no las comprendía del todo. Las sentía lejanas, como si simplemente pasaran imperceptibles ante mis ojos. Sin embargo cada una de ellas dejaba en el ambiente una huella, una marca que me mostraba algo, que aún no lograba percibir, como una nueva forma de comprender ese mundo en el que se mueve un niño como Bashú.
El niño entra en comunicación con su entorno por medio de una profunda conexión que va más allá de la mera palabra. Por medios de miradas, gestos y sonidos, Bashú habla con la naturaleza, con los animales y las aves acercándolo aún más a ese medio salvaje. Bashú pronuncia palabras pero no es entendido, tampoco entiende el lenguaje de los otros. Comprende que sus palabras no comunican, mas bien lo separan del nuevo entorno. Quizás por eso intenta compenetrarse más con la naturaleza. Pareciera allí encontrar Bashú su libertad.
Tanto el niño como Nail viven en un tiempo diferente, un tiempo que indudablemente está sujeto a lo mítico. Eso es lo más interesante, la forma en que Bashú y Nail viven el día a día. Por momentos percibo que el tiempo que se desarrolla en la historia no es el mismo tiempo que envuelve a Bashú y a su madre. Algo en ellos me dice que comparten un mismo lugar y que existe entre ellos un entendimiento innato. Tanto Nail como Bashú logran entablar contacto directo con la naturaleza, sumergiéndose en juegos de niños ambos.
No hay que olvidar de la figura de esta persona vestida de negro que en repetitivas veces se le presenta a Bashú. La primera vez él la reconoce como su madre, y así la llama. Luego, en toda la película, esta mujer de negro fortalecerá la conexión del niño con lo divino. Y ante cada aparición, el tiempo de la historia parece detenerse, fragmentarse, para dar paso a lo divino. Bashú pareciera estar protegido por esta figura en todo momento. Y así será hasta el final del film. El niño logra formar parte de una nueva familia, en un lugar que a medida que trascurre la historia, Bashú logra consagrarlo como propio.

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