"Necesitas consuelo (…) Hay geranios, hortensias, jazmín. Y tú agarras margaritas"

Fausta, canto.
Antes de la imagen
música de la voz materna
ecos de dolor y nostalgia
recuerdos de guerra resguardados
en los vaivenes de la música
aunque nunca vividos.

El principio fue el canto. Esta voz maternal y moribunda resuena como si fuera cantada por los ancestros de la tierra; voz resonando en la oscuridad; dolor hecho canto transmitido a Fausta, cantos que suenan como mitos transformados en miedos.

Los sonidos, latidos de la imagen
de los colores pálidos, a veces áridos
de los ecos a la naturaleza
a la vida arraigada a la tierra
tierra reseca por el sol
por el dolor
Fausta, siempre flor.

El resto fue la naturaleza. Entre miedos e incertidumbres, resguardada en sus cantos, rodeada de indiferencias, Fausta pareciera haber sido sembrada como una de las plantas que Noé, el jardinero, intenta leer, pero arrancada como esa misma flor que ella lleva entre dientes. Ella se aísla de su entorno, mas no de sus raíces. En su voz y en su mirada se lee y se escucha el miedo y el dolor, estos que brotan de repente sugeridos a través de imágenes hechas de cantos, silencios y opacidades más que de diálogos y gritos.

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