Festival de Cine Español 2009 en Caracas (III)

La película empieza con el “no sé” de un hombre ‘confuso’ reclinado ante imágenes cristianas. Pero su confusión es sólo aparente. Y esto no se debe a que la película se encargue de indagar en esa confusión, sino en develar que la guerra ha despertado sus deseos. El resto de la película será la reiteración de esto hasta el extremo, tanto en este personaje del diácono que se va a dar clases en un colegio, como el de los demás personajes. Todos son reducibles a estereotipos que, ni la dirección ni las actuaciones se encargan de explorar. Todas son sosas y sin química (incluso, y sobre todo, Javier Cámara, que siempre le mete chispa a los papeles en los que lo había visto). Son muchas tramas (la de la hija ida a Portugal con su novio, la del diácono pecaminoso, la de la mujer frustrada, la del comunista escondido) que quedan vagas y se desarrollan sin fuerza para llegar a un final exagerado que se vuelve risible. No es que la película sea terriblemente mala. Está cuidada en la parte técnica y la primera conversación entre el diácono y el padre que lo asesora es interesante, pero desde entonces, la película descuida desarrollar más las relaciones entre los personajes y cada escena hace menos convincente la trama porque se da por sentada la fragilidad de esta familia en plena época franquista y se pasa a lo controversial de los deseos y las intenciones del diácono con la mamá de la familia.