Top 10 Razones para Hacer (y Amar) las listas Top 10 (y II)

Por Dan Kois

5. Como con todo lo que vale la pena hacer – pan, dulce amor, grabar recopilaciones de discos – hay un arte para hacer una gran lista top 10. Cada puesto en esa lista es precioso, pero ciertos puestos están destinados para ciertos propósitos. El puesto tope, Número Uno, está por supuesto reservado para el absoluto mejor, más trascendental y revolucionario filme o álbum o novela lanzado el año pasado. Esto es así a menos que tú seas un cobarde sin carácter y uses tu puesto tope para un #1 seguro e incuestionable, como Freedom o La Lista de Schindler o lo que sea. (Aunque esto es pasable cuando haces una suerte de nota explicativa declarando que tus razones para escogerla son totalmente diferentes de y más interesantes que las de todos los demás). Y permítanme añadir que presentar tu lista alfabéticamente, sin un claro #1, es un engaño. Tu trabajo es escuchar canciones o ver películas y hablarle a la gente de ellas. Todo el público demanda de ti premiar a un solo ganador, como un juez en la Feria del Estado. Asúmelo.

El puesto #2 es para la película que amaste tanto a pesar de sus obvias fallas. Puede que no sea arte, pero te tocó de alguna manera. De aquí a veinte años, cuando pienses en el año 2011 y las películas que viste, ésta es la que recordarás. Creo que es probable que en 2007, muchos cinéfilos pusieron Once, cómodamente, en el puesto #2.

Y, claro, está el puesto #9. Ahí es donde lanzas una curva. Tal vez lanzas una película taquillera vapuleada por la crítica o un libro para niños. Tal vez una comedia romántica bien estúpida o una canción de Al Yankovic. Uno de los mejores #9 en la historia apareció en la Revista Time, donde Richard Corliss llamó Speed Racer la novena mejor película del 2008. ¡Speed Racer! Apenas es una película. Yo la describiría, con más precisión, como un ataque de apoplejía de 135 minutos.

6. Las listas, por supuesto, no son dominio exclusivo de los críticos profesionales. Gracias a Amazon y a IMDb y a Goodreads y docenas de otros sitios, tus listas, tu gusto, se vuelven parte esencial de tu identidad virtual: eres tú, empaquetado y presentado para los lectores, compradores y marketing sofisticado, discutan y dense la mano virtualmente con ellos.

Por ejemplo, mi vecino de al lado, Dave, no es un crítico de música. Trabaja para el Servicio Postal. Pero es tan feroz en sus opiniones sobre música y, por lo tanto, ha hecho listas de cada año desde la universidad.”Era casi como completar un pequeño diario sobre el año que acababa de pasar”, me dijo. “Volver a escuchar álbumes y hacer listas era una buena manera de cerrar con el año”. Dave recientemente se embarcó en un proyecto de volver a pisicionar cada álbum suyo de los 90, incitado por la queja de su esposa de que probalbemente no volvería a escuchar la mitad de sus discos en su enorme colección. Su respuesta: “Eso es verdad, pero no sé cuál mitad, así que debo quedármelos todos”.

7. Enterrados en las profundidades de mi disco duro hay documentos de Word, con mucho tiempo sin abrir, que revelan, por ejemplo, mi sexo director favorito de 2006 (Richard Linklater, A Scanner Darkly). O mi novena película favorita de 2000 (Bring It – un clásico #9). ¿Cuál es el valor de estas opiniones ahora irrelevantes? ¿Por qué he transferido estos documentos de computadora a computadora a computadora? Claro, para la posteridad, pero ni a mí me estoy engañando de que un día investigadores en la Biblioteca Dan Kois noten escrupulosamente mi ganador a Mejor Elenco en 1999 (Henry Fool). Estas listas sólo serán de interés para mí, pero ellas son de un intenso interés para mí – no sólo instantáneas de mi desarrollo estético y, sí, mi gusto, pero también ventanas claras de los años de mi vida. El año que vivimos en Hawaii y vimos El tigre y el dragón y salimos del teatro para ver las montañas Ko’olau amenazándonos de lejos, tan empinados y neblinoso como los riscos de donde salta Zhang Ziyi. El año después de que nuestra hija nació, cuando mi lista sólo contenía películas vistas entre salidas nocturnas apuradas. (Consejo: si estás dejando a tu infante con una niñera por primera vez, no veas La marcha de los pingüinos, una película donde los bebés descuidados por siquiera un segundo son devorados por morsas). Volver a estas listas es recordar tanto las películas que una vez amaste y las vidas que dejaste.

8. Hacer una lista, claro, es una suerte de actuación, aun para aquellos que no las comparten públicamente. Armando un top 10, también estás creando, en diez incrementos, la persona que quieres ser, el gusto que deseas tener. Eres omnívoro y aventurero, por lo que tu lista contiene rock y country, manga y memorias, películas independientes poco vistas y series que van más allá de los límites del medio. Eres populista y refinado, tanto intelectual como poco culto, por lo que tu lista incluye El Caballero de la Noche y Luz Silenciosa. Eres un cuidadano del siglo XXI culturalmente literato, por lo que tu lista es diversa y no simplemente un montón de viejos hombres americanos blancos.

Tu lista eres tú. Escógela con cuidado. Porque un día tu lista puede que te mortifique.

9. Los diez mejores álbumes de 1991, por Dan Kois, del 7 de febrero, 2991, artículo de La Torre Times (anotaciones parentéticas añadidas en 2011)

10. Paul Simon, Concert in the Park (Un álbum grabado en vivo. Totalmente falaz en una lista top 10.)
9. Original Soundtrack, The Commitments
8. Peter Gabriel, Shaking the Tree (Una colección de grandes éxitos. También falaz. Y sacado en 1990).
7. Robbie Robertson, Storyville
6. Mrs. Fun, They Are Not a Trio (Una banda dirigida por el director del coro de mi iglesia. No se nota el conflicto.)
5. Sting, The Soul Cages (Recordatorio: Para no olvidar)
4. Peter Holsapple and Chris Stamey, Mavericks
3. R.E.M., Out of Time
2. Various Artists, Deadicated: A Tribute to the Grateful Dead (A mi novia le gustaban los Greateful Dead)
1. U2, Achtung Baby

10. Recompilando mi lista 2011, ¿estoy comparando manzanas con naranjas? Por supuesto. Pero yo discutiría que comparar manzanas con naranjas – la habilidad de considerar, y describir, cómo la crujiente, aguda mordida de una manzana se diferencia del jugoso y decadente chorro de una naranja – es el gran placer del trabajo del crítico, y del amor de un fanático.
Por ejemplo: Bridesmaids (“Damas en Guerra”) es la manzana, y Melancholia es la naranja. ¿Cuál estará más alto en mi top 10 personal? Se los haré saber cuando termine mi lista.

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Top 10 Razones para Hacer (y Amar) las listas Top 10 (I)

Por Dan Kois
El escrito original está aquí.

1. El cargo de coeditor de Artes y Entretenimiento de la Torre Times tiene cierta responsabilidad. Cuando ocupé ese cargo en mi bachillerato en Wisconsin, había una tarea que atesoraba por encima de las demás. Yo estaba encargado de escribir una lista Top 10 de fin de año. Y así, cuando empezó el invierno de mi último año, me senté en el piso de mi cuarto, buscando entre mis discos para sacar los diez mejores álbumes de 1991.

Hubo un problema: yo había podido comprar música con sólo los $3,45 por hora que me ganaba en un puesto de postres y helados, así que compré sólo ocho álbumes de 1991. Aun confiando en mis gustos a los 17 años, yo mismo tenía que admitir que eso era poco.

Por lo que gasté un mes completo de sueldo en una visita a Musicland, donde compré dos discos más que parecían bastante buenos, ignorando ese álbum del que todos los chicos de franela en mi colegio hablaban, aquel con el bebé y el dólar en la portada. No tenía mucha posibilidad de escape. Los discos que compré estuvieron en mi lista. Ninguno fue para olvidar.

2. En 2011, claro, los “listantes” quienes escriben profesionamente sobre cultura no tiene este problema de escasez. Es más que Navidad aquí, con los DVDs de estrenos recientes para promocionar las películas durante la temporada de premios, DVDs llegando a diario de USPS, FedEx, UPS. Una amiga, crítico de música, tiene 1961 canciones en su lista de 2011. Muchas revistas luchan para conseguir espacio en sus estantes por todo lo que reciben en un año, mucho menos podrán leerlo.

Así que demos por sentado que estas listas seleccionan de una inmensa cantidad de material, y ahí subyace la utilidad para los lectores. Si ves a un crítico como, esencialmente, un robot de recomendaciones que obtiene un salario – como muchos, muchos, consumidores lo obtienen también – entonces la lista es perfecta, llegando justo cuando buscas regalos que comprar y películas que ver. Como ocurre, el final del año es también un gran momento para que los anunciantes enganchen con sus productos en los periódicos y revistas, y así la gran rueda del comercio empieza a rodar felizmente.

3. En la introducción a su resumen de fin de año 2007, la crítico de cine Manohla Dargis señaló que la función más valiosa de las listas es que son un “ritual público” – mostrar las cartas de un escritor, mostrándote las suyas para que tú le muestras las tuya. Pero si la lista en sí es un ritual público, también es, entonces, la denuncia de hacerlas por algunos de estos críticos – como la misma Dargis, que llama las listas “ejercicios artificiales, afirmación del ego crítico, caprichosas y necesariamente imperfectas”.

Es una queja común: que el acto de hacer una lista es, para los críticos, un mal necesario intelectualmente deshonesto. Los lectores demandan nuestras listas; los editores esperan, ansiosos por transformar nuestras listas en clicks acumulando imágenes; y los publicistas que nos han mandado material gratis esperan nuestras listas para que puedan imprimirlas y mandárselas a sus jefes departamentales.

Los lamentos sonaron alto los últimos meses de 2011. La crítico de televisión de The New Yorker, Emily Nussbaum, recientemente escribió un blog titulado “Yo Odio las Listas Top 10”. La escritora del A.V. Club, Tasha Robinson, dijo en Twitter, “La temporada de Top 10 películas a veces se siente como un juego de ‘Compara cada manzana y naranja que comiste este año. Sé específico'”.

Y tienen razón. Tomen dos películas que estoy considerando para mi lista, Guerra de Novias y Melancolía. ¿Cómo comparan estas películas – una comedia aguda, con un hilarante elenco, sobre la amistad entre amigas y un aria operática sobre la depresión y el fin del mundo?

4. ¡Pero no importa! Amo hacer listas. Me ha encantado desde que puedo recordarlo. Si, de niño, hubiera hecho una lista de diez incentivos para ser un ‘escritor cultural’, hacer listas de top 10 sería el #2. (#1: ver películas antes de que fueran estrenadas, en vez de cuatro meses más tarde cuando finalmente llegaban a Milwaukee).

Hacer una lista Top 10 era, o así lo parecía, unirse a una gran conversación cultural – una conversación de la cual, atrapado en una secundaria en Wisconsin mucho antes del internet, yo quería desesperadamente ser parte de ella. Para el último año, yo estaba haciendo listas de mis discos favoritos, de las mejores películas, de los diez carros que quería tener algún día, de las cinco chicas que nunca tendría el coraje para hablarles.