Segunda reunión: "Va a pasar algo" y lo efectista de una catarsis: II

Mi mayor problema con Irreversible es que sea provocadora por irreverente y no porque tenga algo que decir sobre la violencia o sobre sus personajes: que provoque a expensas de la violencia (que siempre genera reacciones fuertes) y no desde una mirada particularmente aguda. Ni siquiera la trama se sostiene por su cuenta, sino que tiene que apoyarse en la belleza de Bellucci para hacer que se sienta algo por su personaje.

Segunda reunión: "De lo armonioso a lo decadente" de Terciopelo Azul (1986): I

A oscuras, pero se escucha la conversación y se distinguen algunos rostros.

Uno de los matices que más me fascina de Terciopelo Azul es que, incluso cuando se adentra en lo decadente, no pierde su tono de cuento de hadas. Tal vez sea por esto que Frank no me da miedo, porque si bien es un personaje inolvidable por lo desquiciado, no existe fuera de ese cuento “a oídas” que investigan Jeffrey y Sandy.

Rocco y sus hermanos (1960)

De las más remotas profundidades abisales emerge el ángel conciliador: Rocco. Sus pasos sobre el techo de la catedral de Milán pisotean, en un instante, las manzanas prohibidas del árbol del bien y del mal; para transformar a nuestro protagonista en el verdugo, silencioso y cómplice, de la inmolación del nuevo cordero.

Después, cuando sólo quedaban restos del sacrificio sobre la ajada chaqueta del sicario, no alcanzaron sus lágrimas para borrar la culpa. He ahí al sumiso dios cristiano, con la cerviz inclinada y ojos suplicantes, entre sus manos abiertas descansa el terrible legado de crucifixión y azotes. El estupro permitido no amerita condena, que sean otros los encargados de la redención… todo fue en nombre del amor fraterno.

Irresistible/Irreversible

Hasta hoy, había decidido escudarme en Blanchot (de los malos libros es mejor no hablar), para no criticar este despliegue inútil de herramientas que van desde un vertiginoso juego de cámara, tendiente a descontrolar al espectador, hasta una dosis de realidad que, parafraseando a Eliot, se me hizo, sencillamente, insoportable.

La locación no podía ser más sórdida, marco propicio para el contraste entre la diosa impoluta que pasea su perturbadora belleza y el lumpen mortal de los suburbios parisinos. El resultado: la humillación, el sometimiento y la brutal violación (momento este en el que los planos temporales parecieran haber reposado su incansable intermitencia para teñir la escena con el horror de la prolongación, injustificada, a mi parecer).

Asimismo, toda la producción pareciera estar anegada o, probablemente, ahogada por el manido recurso de la venganza, quizás como una suerte de estrategia mínimamente balsámica, desplegada por el director, para que el público consiga, hasta cierto punto, lamer sus heridas. Y cuando digo:”hasta cierto punto”, lo hago con la conciencia total de que el recurso fue encaminado hacia otros derroteros que, por el contrario, incrementan ese sentimiento, mezcla de incredulidad e indignación, que lo embarga.

Por otra parte, y ya hablando de un tecnicismo en el cual estoy corriendo el riesgo de aventurarme, considero que el contraste de colores (excesivos negros e intensos rojos) no sólo saturó mis pupilas sino que, aunado al juego de cámaras que señalé al principio, parecía querer invitarme a la desorientación o a la pérdida de la perspectiva. Así, también, un diálogo inicial, que me pareció innecesario, y cuya finalidad se confunde entre la acentuación de la sordidez del entorno y la omnipresencia del testigo: oculto y al acecho.

Finalmente, no puedo dejar de referirme a las palabras pronunciadas por el agresor en el momento en que acaba de erguirse ante la diosa “burguesa” indefensa; y que hacen referencia al resentimiento ancestral entre géneros y clases. Los -según ellos mismo- “privilegiados”siempre estarán en peligro de verse sometidos, en esos breves instantes en los que los monstruos, engendrados por la violencia y la exclusión, logran acceder a sus panteones olímpicos para mancillarlos con el odio que los engendró.

Por lo pronto, de acuerdo con Verónica: no la volvería a ver.