2009: Películas que quedaron de él en mí (VIII): por encima de la pobreza y la violencia, siempre la viveza

Slumdog Millionaire (Boyle, 2008) vibra entre la fatalidad y la viveza del destino. No es una película que se intimida con mostrar la violencia y la pobreza profundas de India, pero tampoco las recrudece hasta victimizar a sus protagonistas. Más bien, su encanto agridulce está en haber creado una armonía entre por lo que se lucha y lo que se pierde. Cada una de las ingeniosas soluciones de los niños esconde cierta amargura antes de “salirse con la suya”, así como cada pregunta en el show conlleva a un recuerdo que no siempre ofrece una respuesta, aunque sí una aventura. La decisión de narrar la historia de Jamal, Salim y Latika entre el show y el interrogatorio permite entrever los recovecos del programa (la malicia del conductor, aunque nunca sea estereotipada por el actor) y las connotaciones que tiene el dinero para el entorno que no las tiene para Jamal.
Así como su ingenio está en su narración, también lo está en sus detalles, en cómo descubren sus aventuras entre sonidos, música e imágenes de una ciudad devorada por la violencia, la basura y la pobreza. Hay una chispa que recorre toda la película como una energía que me hizo sonreír con los inventos y aguantar el nudo de la gargante con la desolación de estos niños. En su recorrido rápido pero siempre agudo por la cultura india parece estar rezagada la cultura tercermundista: tener la viveza para sobrevivir en las malas situaciones, aunque esto no implique estar mejor. Es una energía que le brinda vitalidad a la historia, que podrían criticarla por lugar común (el amor triunfa y el pobre se vuelve millonario). Pero en una época de tanta incredulidad, es tan refrescante una mirada que se muestre tan fiel a su alegría porque su optimismo no depende de evadir el trago amargo (ahí queda el sacrificio de Salim, ahí seguirá la pobreza), sino de que el amor triunfe, con toda la vergüenza que pueda sentirse al admitir esto en la época de ahora.
¿Qué ha quedado de ella en mí desde que la vi?: Los sonidos, el ruido y la música que se compone de ellos. En la partitura y en las canciones están escondidas la alegría y la nostalgia del recorrido de estos tres mosqueteros, junto con los ruidos que se aglomeran en la rutina de las calles y la basura.

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2009: Películas que quedaron de él en nosotros (VII): conversacional de Bastardos sin Gloria o la belleza sádica en la venganza, parte II

…segundo y último capítulo…
TONY A.: Bueno, creo que viendola como una aventura en la que los “héroes” tienen que lograr un objetivo es entretenida y creo que funciona en ese nivel también porque esta película es muchas cosas y una de ellas es una fantasía.
EDUARDO: Sí, yo siento cierto alivio cuando logran proyectar la película porque los personajes de Quentin usualmente comenten un error mínimo que los delata… y los delata hasta el extremo de que terminan muertos. Shoshana también termina muerta, pero al menos quema todo un episodio histórico y, catarsis o no, es una suerte de venganza. Su fantasía de venganza sí se cumple al final.

Y estoy de acuerdo: no creo que a ninguno de los personajes se le esté aprobando su violencia o su venganza; ahora, burlándose o acompañándolo hasta que cometa un error, sí.

TONY A.: creo que la película logra ser definitivamente una fantasía de venganza pero también es una reflexión de como nosotros como espectadores reflejamos nuestros sentimientos y realidades hacia el cine.

Aunque el error de Shossana nunca es burlable; tampoco el del granjero francés al principio.

EDUARDO: Aunque sí tengo la imagen de que Hitler o Hans Landa son más satánicos que Shoshanna o que Bridget, la actriz de cine. Satánicos y un poco caricaturescos, aunque sus actores, sobre todo Christoph Waltz, se encarguen de jugar en el momento preciso con los distintos tonos de los personajes.
¿Ves? Es eso lo que no siento en la película. Sí, lo veo en toda esa destrucción del cine, por ejemplo, ahí está la imagen, como también veo y me fascina la imagen de Shoshanna corriendo por el campo mientras su casa y Hans Landa quedan en sombras, pero no me hace llegar a esa reflexión sobre mí como espectador. Hay algo en lo excesivo de la matanza que no me hace llegar a tal reflexión. De que está ahí, entre los personajes y entre las referencias, estoy de acuerdo. Pero no me hace confrontarme conmigo como espectador.

TONY A.: Varía durante la película. Shossana es totalmente satánica al final. “El Oso Judío” es una bestia asesina sin remordimiento cuando matal al general alemán. Es que creo que ese mismo detenimiento y exceso en la matanza produce la reflexión. Sobre todo en la masacre en el cine. Me gusta cuando el soldado interpretado por Daniel Brühl le dice a Shosanna que le parece refrescante ver que ella todavía tiene sentimientos, aunque sean solamente de naturaleza física.

EDUARDO: Sí varía, pero en Hans Landa y Hitler resalta evidentemente. Los Bastardos son otros casi tan satánicos, pero más… físicos.

TONY A.: bueno, la confrontación está también en cuánto “disfrutas” de las escenas, si no de violencia gráfica, al menos como acción y las de violencia psicológica. el satanismo de Hitler me parece tan caricaturesco que raya en lo ridículo, tan ridículo como el de los Bastardos.

EDUARDO: ¿El disfrute es una confrontación? Estoy de acuerdo con que la exageración te lleva a un punto de dejar de sifrutar y cuestionar, así como la catarsis, pero el disfrute simplemente te hace seguir en el mismo estado, no hace que te confrontes a menos que alguien más te lo señale. Y más allá de la imagen perturbadora de Shosanna riendo mientras el público huye de la sala quemada, no me siento confrontado.

Es extraño, porque la película me fascina por su estilo (sofisticado, pero sangriento e incluso satánico), es admirable el ingenio de su técnica, pero a la vez es una película de guerra. Hay algo tan contradictorio en ella; no porque se trate de que esto sea negativo, sino como una curiosidad. Esa manera suya de ser refinada y brutal a la vez como la secuencia en la taberna: entre bromas y juegos al principio y entre incomodidades, insultos y balas al final.

GERMÁN: La película tiene mucha dinámica del juego del gato y el ratón en casi todas las escenas. Y plantea esa dinámina de diversas maneras: desde tensión insoportable en la escena inicial en la campiña francesa y la escena donde Shosana es llevada a la presencia de Hans Landa; hasta otras donde es casi un juego como en la escena del bar con Bridget y otras con los bastardos.

EDUARDO: Sí, donde las ratas (como dicen el propio Hans Landa) parecen ser los débiles.

TONY: creo que eso se debe a que Tarantino es un director irreverente más que nada pero creo que usa esa irreverencia como método de distanciamiento (“sí, lo que están viendo no es una realidad”) y con Bastardos sin Gloria, obviamente, por el contexto histórico, hace que lo lleve un paso más lejos jugando con la historia o con la manera en el que el cine revisita la historia; comentando lo inÚtil del cine en tratar de ser fiel a supuestas verdades documentadas que son tan expuestas a cuestionamiento como cualquier otra documentada o percibida por otro tipo de medio.

EDUARDO: Sí, una visión del paso del tiempo es una nueva construcción del pasado, le da otra forma, y Tarantino está haciendo de eso un ejercicio evidente.
FRANKLIN: Jugando con la manera en que el cine revisita la historia. Más que una construcción del pasado, me parece, lo que queda evidenciado son las formalidades, la retórica casi, cómo el cine usa la historia. También en las referencias al cine propagandista, como la película del soldado, puede decirse que son críticadas por Tarantino.

EDUARDO: Sí, es una retórica de la historia en el cine. Me gusta lo que dices de las formalidades. Incluso dentro de la película, los personajes se caen por las formalidades, por cuestiones de cortesía (saludos, gestos, llamados de atención, maneras de pedir las cosas). Tarantino hace que sus personajes estén atentos al lenguaje de los demás como su cine explora y explota las imágenes del lenguaje cinematográfico. Como si en esas formas de ver la historia, en la cortesía engañosa entre gato y ratón o en un encuadre de la imagen de Shosanna riéndose en la pantalla estuviera agazapada toda una historia de la violencia y la agresividad que está a punto de estallar.

TONY: Creo que de esa manera Tarantino está exponiendo el poder del cine como medio y la influencia que tiene, como cualquier forma de arte – temiendo sonar algo solemne – de iluminar (para bien o para mal) nuestras concepciones de la vida misma.

EDUARDO: ¿sí? O sea, la idea está flotando en la película, pero lo que me pregunto es qué tanto se explora. No veo lo agudo o perceptivo en este aspecto más allá de la presencia que efectivamente tiene el cine en la vida de los personajes.

Y como cierre, qué dirían de la película, lo que la haga memorable, obra maestra o el aprecio que tengan por ella o el qué quedó de ella con ustedes.

GERMÁN: Me quedó de ella el gran villano que creó Tarantino con Hans Landa. La imagen de Shosanna riéndose proyectada en el cine. La genial escena inicial que de verdad me hizo sentir la tensión de los personajes. El strudel de Manzana. Que me divertí tanto mientras la veía que olvidé/obvié lo moralmente dudosa que es su propuesta.

FRANKLIN: La secuencia de la campiña me encantó. No parecía tarantino y eso me estaba gustando. La pantalla en llamas, la manera como el cine puede “vengar”. Las risas que ma hacía soltar la película, mientras una viejita en el puesto de atrás decía: ¿de qué se ríe si están matando gente? También en cómo muestra la complejidad que hay en un tratamiento simplista de las acciones.

TONY Si perdonan que sea un poco analítico, me gusta cómo Tarantino implica y reconoce que él no conoce a la historia mejor que nadie. Hay una falta de pretensión en ella que la hace refrescante. No siento que se burle de la historia en sí sino, de nuevo, de cómo el cine muchas veces quiere tomar función de documental y supuestamente ser fiel a la historia y al mismo tiempo querer tomar sus libertades (eso relacionado con ese dicho inglés “having its cake and eating it too”) lo cual encontré, sí, sincero de su parte. Supongo que lo que más me quedó de ella es cómo hace reflexiones y subversiones de lo que significa el cine (algo que siempre me llama la atención) y de lo que puede expresar y hacer.

EDUARDO: Yo quedé fascinado y entretenido por sus personajes. ¿Cuestionado, confrontado? No. Pensativo y seducido por la ambigüedad y por la tensión que hay en cada juego de poder, en cada movida de los Bastardos, de Hans Landa o de Shosanna, aunque nunca me dejara conmovido, inquieto o en catarsis. Entre risas y sonrisas por el humor de Tarantino, esta vez dosificado en diálogos menos extensos.

2009: Películas que quedaron de él en nosotros (VII): conversacional de Bastardos sin Gloria o en una noche tan bastarda como esta, capítulo I

EDUARDO: Lo que más me fascina y más me frustra de Quentin Tarantino es su manera de plantear la violencia en sus películas. Sea un retrato de los personajes, un homenaje o una burla, siempre hay ambigüedad suficiente como para no poder plantear una postura al respecto. ¿Se puede definir la postura de él ante la violencia y ante la guerra o Bastardos sin gloria (2009) es sólo un chiste muy bien contado? Sigue siendo esa mi duda, aunque me fascina más como ambigüedad.

FRANKLIN: Me parece que es sólo un chiste. Tal vez tenga sus opiniones serias sobre esos temas, pero en esta película no lo plantea.

TONY A.: Yo creo que Bastardos sin Gloria representa una evolución temática en la que obviamente parece su materia favorita: la violencia en el cine. Yo creo que, en esta película, Tarantino no tiene una postura en pro o en contra de la violencia sino más bien una reflexión, casi cuestionamiento de cómo el espectador reacciona ante la violencia en el cine.

VERÓNICA: ¿Un chiste muy bien contado? Mmm no lo creo. Quizás espera que el público lo crea así para hacerles las escenas crudas un poco más jocosas.

TONY A.: Creo que más que nada, hay que preguntarse si Tarantino, a pesar de todo el amor que él tiene por el medio, tiene una posición con respecto al mismo cine…
 
EDUARDO: Creo que evidentemente tiene una postura hacia el cine. Digo lo del chiste por su ridiculización y exageración en muchas escenas, en aquellas que lo sofisticado deja lugar a la carcajada satánica de la parodia (la primera vez que vemos a Hitler, por ejemplo).
 
FRANKLIN: Claro que da pie para que se reflexione o cuestione la violencia, pero no veo desarrollado ese cuestionamiento dentro de la película
 
GERMÁN: Me parece que el personaje de Shoshanna quizás da un poco de luz en el asunto de qué piensa Tarantino del cine. Aquí, Shosanna usa el cine como medio para tomar acción contra algo (los nazis), Tarantino quizás usa lo mismo, lo usa como medio de acción para atacar, homenajear, burlarse.
 
TONY: Sí, bueno, usé lo de la posición con respecto al cine retóricamente, para enfocarnos en ese punto. Y totalmente de acuerdo, Germán. Tarantino ve al cine como un medio, incluso un arma que puede transformar realidades y proyectar ideologías (cine propagandista).
 
EDUARDO: No, yo no veo necesariamente que se trate de tener una postura a favor o en contra de la violencia, sino que su ambigüedad en cuanto al tono, hace que el humor y la caricaturización de algunos personajes en esta película sobrepase cualquier reflexión sobre la violencia o la guerra.
 
TONY: Hmm…no veo que el hecho de que los personajes sean amorales y que el tono de la película sea aveces burlón haga a la película amoral. Definitivamente hay una reflexión en cuanto a la violencia, en cuanto a la manera en que vemos la violencia en el cine y Tarantino usa ciertos tonos y estilos para confrontar nuestras percepciones de como nosotros vemos y aceptamos (o rechazamos) la violencia en pantalla.
 
FRANKLIN: Eduardo, ¿quieres decir que el hecho de que los personajes sean caricaturescos no permite esa reflexión?
 
EDUARDO: No. Quiero decir que la ambigüedad en el tono (a ratos burlándose, a ratos homenajeando) da pie a que gran parte de la película se quede en la risa, en la diversión y en un revisionismo ingenioso, pero que no ve más allá de que la violencia, en una u otra mano, es siempre la misma. No creo que la película sea amoral, sino simplista en el comentario que pueda hacer sobre la violencia, aun cuando haya momentos fascinantes sobre la manera en que el cine nos hace conocer la historia e incluso la vida de los demás (la referencia, de mentira pero provechosa, que hace el crítico de cine que se hace pasar por Teniente en la taberna sobre su participación en una película de Pabst que los oficiales nazis, engañados, recuerdan).
 
TONY: No me parece que la película se queda en la risa en casi todos los capítulos hay escenas largas de gran tensión y en las cuales Tarantino no solamente hace una demostración de su ingenio para el diálogo sino que informa sobre como el esconder y revelar información en ese tiempo era fundamental para la sobrevivencia.
 
EDUARDO: Yo siento que con él la muerte y la violencia son un sello de venganza. Como si el que mata está signado o se hace a sí mismo la huella de ser asesinado eventualmente. No es una regla general, al menos aquí no ya que no mueren todos los Bastardos, sino una impresión en cuanto a la naturaleza o la dinámica de la violencia.

FRANKLIN: Al verla, en vez de pensar en la historia, en lo que realmente pasó, pensaba en las peliculas que había visto sobre la Segunda Guerra. y esto es lo que me gustó más de ella, cómo llega a cuestionar este género, cómo llega a apartarse del tono opaco, del dramatismo y también de cómo el cine se convierte en un instrumento de venganza. Tanto para Shosanna como para el espectador, ¿cuántos no disfrutarían ver el cuerpo de Hitler acribillado?
 
TONY: Frank, TOTALMENTE de acuerdo con todos tus puntos.
 
VERÓNICA: Eso sí. Es una nueva mirada de la historia, tan dura. Quizás eso fue lo que más me gustó. Toda la escena del cine y la risa malvada de Shosanna es increíble. Los colores…
 
 

 
TONY: Excepto que…en ese momento en el que vemos a Hitler acribillado Tarantino está confrontando nuestros valores y posturas hacia la venganza.
 
FRANKLIN: Ahora la forma cómo funciona la violencia en la película me parece muy simplista, no mala, pero no se diferencia mucho a cualquier película dominguera, donde bueno mata a malo.
 
TONY: Lo hace de una manera tan grotesca que depende de tu inclinación a Hitler y la venganza en general, puede haber respuestas emocionales diferentes. pero creo que Tarantino no hace de a los protagonistas los buenos. De hecho, los hace tan amorales como los Nazis

EDUARDO: Sí, estoy de acuerdo con lo del cine como instrumento de venganza. Fue algo que me comentó Tony hace tiempo y se me apareció esta vez que la vi. No fue una venganza que sentí y tal vez por eso me quede en la ambigüedad. No sentí ese placer hacia Hitler muriendo que pudiera estar metido incosncientemente en nosotros y por eso la película no me confronta. Veía una burla, unas ansias de sangre y de muerte de judíos, siendo acribillada. Pero no fue catártica.

TONY: De hecho, la risa lunática de Shosana es casi tan perturbadora como las acciones de los Nazis.
 
FRANKLIN: Claro, Tony, yo disfruté mucho la matanza de nazis, pero después pensé: ¿no estoy cayendo en el mismo gusto que tuvieron los nazis al matar judíos?
 
TONY: Sus acciones nunca fueran glorificadas.
 
FRANKLIN: Para mí, sí fue catártica. Para algunos que conozco así les pareció también.
 
TONY: Yo tampoco sentí ese placer al ver a los Nazis asesinados PERO aún así funciona como eje, si no moral, de detenimiento y reflexión de cómo reaccionamos ante la violencia. En esta película, la violencia tiene un peso y una importancia que Tarantino nunca había explorado o acentuado en sus otras películas.
 
GERMÁN: Sí, otro punto irónico respecto al uso de la violencia, es que los que la disfrutan más y la usan de manera más sádica, por decirlo de una manera, son los Bastardos y Shosanna, que son los “buenos” en la película. Mientras que Hans Landa y otros utilizan más la intimidación y/o se les muestra menos viciosos en la violencia, aunque igual de pervertidos por ella.
 
FRANKLIN: Parecen ser más sádicos porque se sienten justificados.
 
EDUARDO: Para mí no fue catártica, sino el mismo sadismo de sus películas anteriores repitiéndose de nuevo. En cuanto a los personajes buenos vs. los malos: sí, ambos bandos son amorales, pero automáticamente nosotros estamos apoyando a los que históricamente fueron vencidos y eso sin duda está siendo considerado en la película: la cámara toma posición de la tensión hacia los históricamente débiles(Shosanna y el strudel de manzana, por ejemplo, o la taberna).
 
TONY: De hecho, el general alemán que “El Oso Judío” mata a batazos se le da cierta dignidad, incluso integridad. Ya sean sus ideales, es fiel a ellos. ¿Se (¿me atrevo a decir?) le humaniza…?

GERMÁN: … y los Bastardos son cada vez más caricaturescos.

TONY: A Shosana se le humaniza por su sufrimiento pero cuando su objetivo es logrado en el clímax ¿no se le ve con aprobación sino, acaso más bien se muestra como grotesco?

VERÓNICA: Yo estoy con Shosana, lamentablemente creo que hay que ponerse en los zapatos de un judio. Sí es una venganza y de las más terribles la que comete este personaje, pero yo lo disfruté enormemente.

FRANKLIN: Entonces, la pregunta sería ¿hasta qué punto está justificada la venganza?

… fin del primer capítulo…

El 2009: películas que quedaron de él en mí (VI): sentir la urgencia de volverse alien(ado)

Vomitas las entrañas. Sangras de un color negruzco y más líquido. Se te desencajan las uñas. La piel se te endurece, se agrieta y te agrietas. Tu mirada es distinta.
El alienado es el exiliado fuera de sí mismo. Todo lo extranjero, fuera de su territorio, no es sólo extraño, también es refugiado y limitado a un sitio específico donde pueda ser categorizado y, finalmente, distanciado.
Esta alienación es vivida por Wikus Van De Merwe en Distrito 9 (Blomkamp, 2009), alienación pesada de la inmediatez del documental y la urgencia del narrador testigo porque asume, sobre todo, puntos de vista cercanos al personaje. En principio, la suya es la alienación físiológica, el exilio más profundo y, por lo tanto, desgarrador.
Si su alienación se asemeja a la alienación que vivimos nosotros en la rutina, queda de parte de cada espectador (en esta era donde todo está escindido por la relatividad de los puntos de vistas). Si su historia como un trabajador público cualquiera que pasa a ser importante por su transformación es una de las tantas lecturas que ofrece la película sobre esta época, es una interpretación que queda rezagada. El rezago proviene de la fuerza que va adquiriendo la transformación de Wikus, por más asquerosa que sea, en un muy lento devenir de supervivencia. Es esta la supervivencia que lo iguala a los demás alienígenas (la imagen del niño alien reconociendo el brazo de Wikus con el suyo propio) y que lo distingue de ellos (hacer la flor de hojalata).
¿Qué ha quedado de ella en mí desde que la vi?: la imagen final que espejea, para mí, con Wall·E (Stanton, 2008) y con El hombre elefante (Lynch, 1980): buscar la belleza en todas las cosas y ese grito callado, ambiguo casi , como el desesperado reconocimiento del hombre elefante “No soy un monstruo. No soy un elefante. Soy un ser humano”. La actuación de Sharlto Copley, cierta malicia al comienzo, vivacidad que se va apagando entre desesperanza, desesperación y supervivencia.

2009: Películas que quedaron de él en nosotros (V): conversacional de Gran Torino o la desmitificación de Harry El Sucio

TONY A.: Desde que empecé a ver tus comentarios en el blog sobre las películas del 2009 que te quedaron, no pude evitar pensar en cuales fueron las que más me quedaron de ese año (del cual todavía me faltan unas cuantas por ver) y aunque me gustaron unas, hubo dos que resonaron en mí de una manera especial: Rachel Getting Married de Jonathan Demme y especialmente Gran Torino de Clint Eastwood. Es un caso bastante especial para mí esta película de Clint Eastwood porque es una de esas raras experiencias cinematográficas que hacen que como espectador reevalues completamente a un cineasta y a toda su obra.

EDUARDO: Si bien es cierto que, a partir de esta década, Eastwood había ganado fuerza conmigo, con Gran Torino me sorprendió. Sus Río Místico (2003), Golpes del Destino (2004) y Cartas de Iwo Jima (2006) me han ido hiriendo soterradamente, con su sobriedad, con el control de su dirección que suaviza los forcejeos de guiones irregulares y con una fragilidad que sabe a melancolía, heridas, o más bien, huellas que no me había dejado desde Sin Perdón (1992). Pero, sí, llegó Gran Torino con una mezcla de humor y prejuicios que replantea la crisis de fe y las relaciones humanas dentro de sus películas. Gran Torino es como la hija contestataria entre sus hermanas más conservadoras aunque, no por esto, menos agudas.

TONY A.: ¡Ciertamente! Y no es por falta de admiración a la obra de Eastwood (especialmente esta década). Yo también he admirado (en varios grados) su Río Místico, Golpes del Destino y Cartas de Iwo Jima pero como dices, Gran Torino fue una sorpresa para mí. Nunca había visto a un Eastwood tan confidente y tan desafiante al jugar no solo con el mito cinematográfico que él mismo ha creado a través de toda una larga carrera sino a cuestionar e incluso desafiar las implicaciones morales, éticas y cinematográficas que acarrean ese mismo mito. ¡Nunca lo vi desplazarse de una manera tan equilibrada y habilidosa por tantos tonos y ser tan autoconsciente de su misma imagen que reta de una manera muy astuta con nuestras concepciones de quién es Clint Eastwood y qué significa para el espectador esa imagen de Dirty Harry que ha alcanzado un nivel prácticamente icónico y es que eso es uno de los elementos más fundamentales de Gran Torino! No la había visto desde su estreno en cines y al revisitarla anoche me dí cuenta de la manera tan audaz en la que Eastwood juega con las reacciones del espectador en cuanto a su persona y como parece a momentos, de que dentro de la misma película él está consciente que nos estamos riendo de él.

EDUARDO: Exacto, los conflictos entre sus personajes antes adquirían una carga de dignidad hasta convertirse en tragedia. En Gran Torino, es curiosamente intimista su manera de ver la vida a través de los prejuicios de los personajes. Son prejuicios a partir de los estereotipos, prejuicios hilarantes que desatan una carcajada o una risa incómoda (¿reírse en una película de Eastwood con él y no de él?), prejuicios que también descalabran las certezas de los personajes, que les permiten reírse de su ignorancia y pensar en lo que el otro le dice. Son tales prejuicios los que van decantando en la crisis de fe del personaje principal, Walt Kowalski, de ese ya resabio de lo que fue el ícono de la venganza y la dureza; crisis de fe ante las diferencias y ante la intolerancia en el vecindario, crisis de la que él mismo adolece y es aquí donde Eastwood va adentrándose en la intimidad de este viejo cascarrabias.

TONY A.: Y lo refrescante de Gran Torino es que aborda el tema de los prejuicios de una manera tan directa y honesta que se siente como una bebida que refresca este paladar cinematográfico que se ha venido sintiendo exhausto por el sermón y el moralismo dudoso de ese Hollywood que no se cansa de impartir lecciones como si estuvieramos asistiendo a una clase muy tediosa (Crash y En el Valle de Elah de Paul Haggis son dos ejemplos que resaltan).

EDUARDO: Sí, es que en Gran Torino todo y todos están sometidos a la ridiculez y a la risa, incluso esta fe que poco a poco va surgiendo en mí como una emoción en el desarrollo de la película.

T.A.: Y aún así Eastwood nunca reduce la importancia ni el peso ético/moral/filosófico de sus temas. Esta es una película de temas importantes ejecutada de una manera… poco ortodoxa, sobre todo para un clasicista como Eastwood, que con su estética tan…desadornada a veces quisiera aludir enteramente a otra época. Un pequeño pero significante ejemplo es la escena en la que Walt descubre a Thao en su garaje intentando robar su Gran Torino. En esa escena la música se torna militar y exagerada, como si estuviéramos viendo a este anciano patético aferrándose a su personalidad de matón duro y racista. La música le da un toque de comicidad a la escena pero sorpresivamente, con una iluminación confusa vemos a Thao y la escena se torna gris y confusa y el espectador crea una reimaginación de Walt en Corea asesinando a niños… ¿Walt se está aferrando a su imagen o simplemente son los demonios que lo acechan? Escenas como esta son un ejemplo de la complejidad de tono y temática que Eastwood logra tejer a lo largo de la película.

E.: Eso es lo curioso. Es bizarro, incluso. Aborda todos estos temas importantes como la fe, el racismo, la muerte, la guerra y la multiculturalidad con una estética sencilla, pero como dices, poco ortodoxa: a través de la risa de la parodia. Aun así, esta no es la risa que se queda en el chiste o en la burla, sino que va engranando la seriedad y el peso de tales temas a través de conversaciones cotidianas, diálogos que, al mostrar las incomodidades de Walt o de Sue, desnudan sus crisis más profundas; conversaciones como aquellas que tienen el padre Janovich y Walt sobre la guerra o la de este con Thao sobre cómo ser un hombre.

T.A.: ¡Totalmente de acuerdo! Al principio hay una especie de shock cuando la película pasa de ser una sátira bizarra a un drama directo pero, en retrospectiva…las semillas estaban ahí todo el tiempo y al final es Eastwood quien ríe de último por jugar con nuestras expectativas de una manera tan astuta. Nosotros nos reímos de su Harry el Sucio Cascarrabias e incluso nos deleitamos pero Eastwood nos muestra en esencia los cimientos de una sociedad tambaleando e incluso aún, que tal vez merezcan ser derrumbados.

E.: Sí, puesto así, me recuerda a cómo me sentí en Bailando en la oscuridad, manipulación aguda que va cuajando mis lágrimas. No me había fijado en esa escena. Es impresionante que Eastwood no pierde tiempo para retratar, no sólo la ignorancia que hay en cómo una cultura ve a la otra, también ambas culturas en sí, la americana y la asiática, a través de dos ceremonias que, en el fondo, son la semilla de la película (en caso de que ella sea como un árbol con sus ramas tendiendo hacia diversas impresiones): la muerte y la vida.

T.: Tal vez caiga en lo obvio pero creo que merece ser enfatizado cuanto Gran Torino trata sobre la vida y la muerte. No como entidades separadas sino más bien como la muerte en vida y el renacimiento espiritual de Walt incluso cuando éste está dirigido a ella y no solamente por su avanzada edad y porque es ley de vida sino por otros elementos dramáticos que Eastwood inserta como “convenciones cinematográficas” que sorpresivamente (y quiero enfatizar también que para mí, este es uno de los placeres de esta obra) descarta su objetivo para crear uno nuevo y que de nuevo trabaja en función de deconstruir a través de impredecibles métodos narrativos. De repente el heroismo de Walt no recae en salvar a Thao y Sue sino en salvarse a sí mismo? Y esa probablemente la gran sorpresa (en una película llena de ellas, como tal caja de trucos) final de Gran Torino. Así, sus temáticas llegan a ser de índole espiritual. E increíblemente la película logra tocar emociones profundas. El último tercio tiene una pureza emocional impecable.

E.: La salvación de Kowalski, además, hace temblar la fe eclesiástica, fe de confesionarios y de rezos, para tender hacia una fe más íntima, recogida en las acciones diarias, que no redime errores, sino purifica emociones: me viene a la mente esa escena en la que él yace en el suelo, en posición de crucifixión,
con una grieta a unos pasos más allá: la muerten y la fe no absuelven, pero sí arrastran vínculos.

T.: Wow, no noté la grieta de la que hablas en esa escena (¿¿una tercera vez debe ser obligatoria?? ¡Ya lo creo!). Pero sí, esa escena, que podía salir como simbolismo desmesurado e incluso risible en una película con intenciones y objetivos más convencionales, previsibles e ideológicamente limitada aquí carga otro significado. La fe eclesiástica, como dices, no es glorificada. En el personaje del joven cura Eastwood nos muestra al núcleo una sociedad que está en constante conflicto moral y es por esto que la fe y Dios nunca se dan por sentado como valores glorificados en esta película. Es irónico como Kowalski encuentra paz y propósito en la muerte y no en la vida, lo cual pudo haber sido algo desesperanzador si Eastwood estuviera interesado en ofrecer un mensaje o respuestas confortantes. Aquí, como dices, la fe purifica emociones. Walt se va a llevar consigo sus errores pero entiende lo preciado de la bondad innata y la inocencia y hace de su misión en vida (casi muerte) en proteger la espíritu de Thao y Sue, lo cual es en cierta manera, voluntaria o involuntariamente, reconfortante en una manera poco usual.

E.: Así es, como toda obra que deja pensando y llorando, tiene que ser visitada varias veces. Como dices, Eastwood no reconforta, aunque el sacrificio de Kowalski permita la paz de Thao y de Sue en gran medida. Más bien, quedan abiertas las dudas sobre las nuevas generaciones y sobre la pérdida de tradiciones que, aunque no son propuestas como sermones sino como burlas que entreven la aceleración del cambio, dejan la inquietud de cómo se construye la sociedad y cómo se desenvuelven las personas en ella.

T.: Y de cómo se establecen, como dices, a través de los cambios, nuevos valores que determinan el estado moral/ético/espiritual de la sociedad.

E.: Finalmente, ¿qué piensas de las actuaciones? En realidad, ¿es intencional que sean tan malas? Nunca me sacaron fuera de la película, al menos esta segunda vez, pero no terminan de cuadrarme. Todavía los gruñidos y las malas caras de Clint Eastwood encajan en el estereotipo de su personaje (para muestra, la escena de su cumpleños: la mejor respuesta de los regalos que recibe no es sólo su cara, sino la risa inevitable por parte del espectador). ¿Entonces también forman parte de un chiste, aunque terminen siendo un mal chiste?

T.: Bueno, pienso que más allá de Eastwood (quien pienso está magistral por la manera tan habilidosa y casi sin esfuerzo que logra maniobrar varios tipos diferentes de actuación y aún así logra crear una persona identificable, coherente y totalmente convincente), las actuaciones no son de suma importancia en Gran Torino. Un amigo se atrevió a decir que lo…vamos a decir “rígido” de las actuaciones por parte de Bee Vang y Ahney Her (Thao y Sue, respectivamente) se remontaban al estilo de ese cine austero del maestro Robert Bresson, en la cual los actores eran simples “modelos” con una carencia casi total de emociones humanas identificables como “reales” o “auténticas”. Aunque no creo que las influencias de Eastwood sean voluntariamentes basadas en el estilo de Bresson, sí creo pienso que las actuaciones de Van y Her encajan con sus personajes y sí pienso que brindan un cierto tipo de pureza emocional que de hace que la película alcance un impacto dramático grandioso, sobre todo cuando el desenlace recae tanto en el destino de estos dos personajes.

E.: ¿Como si su incapacidad actoral coincidiera con la vulnerabilidad y la inocencia de los personajes? Me gusta verlo así. Eastwood sí se mueve entre varias modalidades (aunque “moods” me gusta más) que se acompasan con los distintos ritmos y humores de la película, mientras que los actores secundarios podrían ser modelos vacíos, no en un sentido despectivo, sino desempeñando roles que dependen en gran medida de la manera de ver esta cultura en general.

T.: ¡Exactamente! La inseguridad de Thao al punto que le cuesta siquiera hablar se ve reflejada en lo que normalmente podría verse como una actuación completamente amateur e inconvincente (es modesto llamarla “inconvincente”) al igual que la manera tan…arrítmica de Sue en decir sus líneas al tratar de demostrar una actitud fuerte pero sin realmente serlo… supongo que ejemplos de ejecución tan, de nuevo, poco ortodoxos y distintivos es lo que mantendrá a Gran Torino como una película vital y digna de ser vista numerosas veces. Sus cambios en tono y estilo, la desmitificación de su icónica figura central, el comentario incisivo sobre temas universales y su manera de subvertir las convenciones del cine popular la mantendrán como una de las películas clave de su creador y que con el tiempo, como muchas obras maestras (la cual pienso que ésta es) que en su tiempo no fueron correctamente apreciadas, se le dará el estatus que le corresponde.

E.: Ojalá. Por ahora, me impresiona su capacidad por desmitificar el ícono y por diluir los estereotipos de lo que llamamos cultura hasta llegar al fondo de una crisis individual que es cuando me atrapa con la pureza del llanto incontenible del sacrificio, aunque el recorrido nunca haya dejado de ser gracioso y, a veces, incluso hilarante. Sabrosa conversación sobre una rara joya del 2008 y sobre redescubrir paulatinamente el cine de Clint Eastwood. Gracias.

El 2009: películas que quedaron de él en mí (IV): An Education, una educación para la vida.


No soy muy fanático de las coming-of-age movies. Quizás porque las veo parecidas o porque una que otra rayan en lo insoportable (Superbad se me viene a la mente), o tal véz porque la “maduración” de los personajes no se le da la importancia que debe a pesar de que la película trate de eso. Pero en 2009 llegaron dos películas de este género, Adventureland es una, y esta joya británica, An Education, que reinvindicaron este subgénero.
El éxito de la película radica en la actuación de Carey Mulligan, quien, a lo largo de la película, pasa de ser una chica que va directo a la vida típica, a otra chica muy diferente, la que se da cuenta de todas las cosas que implican la adultez. Este personaje queda en la memoria porque no se parece a los típicos protagonistas adolescentes: Jenny es una chica de 16 años de los suburbios londinenses de los 60s, está llena de deseos de conocer, experimentar, ver, escuchar y leer todo y en eso encuentra a David (el personaje de Peter Sarsgaard) a quien ella verá como la puerta de entrada a ese mundo. El film enfantiza la idea de que hay varios tipos de educación, y que estos tipos pueden venir de distintas fuentes. Así Jenny vive la educación académica que la llevará a vivir bien en un futuro pero también es expuesta a la educación de la vida que le ofrece David y que quizás la ayudarían a vivir todo lo que ella quiere antes de que le sea imposible hacerlo.

¿Qué ha quedado de ella en mí desde que la vi?
Esas ganas de experimentarlo todo que tiene Jenny, es algo que no se debe perder, es lo que mantiene nuestras vidas divertidas y llenas de sorpresa. La dinámica entre Jenny y David. La escena donde aparece Emma Thompson y la otra donde aparece Sally Hawkins.

Algo “ajeno” a la película por lo que también la recuerdo:
Jenny me recordó un poco a mí.

El 2009: películas que quedaron de él en mí (III): sé amable y rebobina con nostalgia

Fue anunciada como Rebobinados y estrenada como Amor de locuras. Después, cuando finalmente la vi en el cine, su título original Be Kind Rewind (Gondry, 2008) me recordó a una ya casi perdida petición noventosa que hacían las tiendas de video de devolver las cintas de VHS rebobinadas. Este estallido espontáneo de la memoria fue extendiéndose a lo largo de toda la película, a veces con nostalgia, otras con ternura y unas más con extrañeza, por ser esta una celebración de nuestra manera de recordar las películas y no solamente de verlas. Cada película vista, cada clásico conocido, es una manera distinta de ver, de asumir y de reunir la cultura, como la escena final en la que la película dirigida por Jerry y Mike es proyectada en todo el vecindario. Entre chistes y espontaneidad, la película es una oda a la tradición del cine. Más allá del VHS o del DVD, incluso por encima de los derechos de autor, sí, la franqueza de esta historia apunta hacia el deseo de registrar la realidad y a jugar con ella con un material que se le asemeje lo más posible, como el celuloide y como la historia que hay tras cada vecindario -y de este en particular. Rehacer los clásicos perdidos y las películas de culto no es copiarlas, sino reinventarlas a la manera que reinventamos con el día a día de la experiencia citadina cuando echamos cuentos o cuando recordamos. A fin de cuentas, el interés de la película está en desentrañar el vínculo que hay entre los espectadores y los filmes borrados por error y no únicamente en las películas en sí. Así, Gondry nos devuelve, con nostalgia y algo de esquizofrenia, a una época y una tecnología perdidas, pero descubriendo la posibilidad del cine detrás de todo ello.
¿Qué ha quedado de ella en mí desde que la vi?: Esta frase “Por favor, rebobine” o “Sea amable y rebobine”, evocadoras tanto de lo obsoleto de la tecnología que queda atrás como de lo que es el recuerdo.
Algo “ajeno” a la película por lo que también la recuerdo: Que fuese estrenada en cartelera. Con retraso, sí, y casi por debajo, también, pero llegó. No me lo esperaba ya que La Ciencia del Sueño nunca apareció por aquí en Venezuela.
Alguna actuación que quedara: El elenco en general trabaja muy ameno. Mos Def y Jack Black equilibran histeria y comedimiento con buena química. Danny Glover y Mia Farrow, taimados pero seguros, soportan las locuras de ellos con ternura e inocencia.