A propósito de Un eterno resplandor de una mente sin recuerdos

Recuerdo que antes de ver El eterno resplandor de una mente sin recuerdos tenía muchos prejuicios en torno a Jim Carrey y sus actuaciones dramáticas, lo catalogaba de “morisquetero” y nada más, como si yo fuese muy seria. Vi la película y me gustó, dejé a un lado mis juicios a priori, disfruté del argumento y de dos personajes sufrientes de eso que llaman amor.
  En aquel momento fue para mi una buena película, una buena historia, al igual que las actuaciones y nada más, no llegó a tocarme alguna fibra emocional o el punto de identificación de querer ser, o sentirse como. Dentro de la trama parecía verosímil que después de amar tanto podrías querer borrar todo recuerdo de un amor tan apasionado, desestimaba que eso podría pasar en la vida real,  al menos eso creía hasta el año 2012.
   Hace poco volví a ver la película en cuestión, lloré como una imbécil , decía “yo quiero hacer eso”, “quiero que me lo borren de la mente”, refiriéndome a aquel amor perdido y todo lo que conlleva, antes pensaba que jamás hubiese querido hacer algo así, porque siempre sobreviven las cosas buenas, los recuerdos, el amor, sin embargo cuando los recuerdos  se vuelven lacerantes sería grandioso restar, borrar de la mente de uno lo bueno, lo malo, todo, para no burlarse, para no sentir lástima, para no llorar.
   Al detallar la experiencia que tuve con esta película puedo afirmar que al cambiar mi sitio de enunciación mi opinión cambió, porque más allá de la crítica y la evaluación de un hecho ficcional somos seres humanos y por más que no queramos en gran medida emitimos nuestra opinión basándonos en la propia experiencia.
   Me pasó con Un eterno resplandor de una mente sin recuerdos lo que me sucedió con las primeras materias del área de Literatura y vida en la Escuela de Letras, las despreciaba porque simplemente no las comprendía, abordaba las lecturas y las clases desde los conceptos, más no desde la experiencia, porque no les encontraba sentido. Pasó el tiempo y me di cuenta que mi valoración hacia esta área de estudio dependía de una cuestión que corresponde a la esfera de la madurez, el entendimiento lúcido y la confrontación de mi propia ignorancia.
   Cuando vi por primera vez Un eterno resplandor… estaba contaminada de muchas concepciones, posturas que me no permitían disfrutar por completo de la experiencia cinematográfica, la vi cotejándola con otra cosa, evaluándola con la rigurosidad de una nota al pie de página.
    Luego me fui deslastrando de ciertas cosas, tuve en mi vida varías epifanías y comprendí viviendo lo que era una anagnórisis, le encuentro mayor sustancia a lo que dicen los poemas y aprecio la oportunidad de haber visto Literatura y vida y seminarios de simbología.
    Ahora otorgo oportunidades justas a lo que veo, a lo que leo, trato de confrontar lo que aprendí sobre el mundo ficcional, la verosimilud, la trama y la mimesis con lo que he vivido, con lo que me gusta y con lo que me doy licencia de creer.
     No quiere decir que todas las películas, libros y exposiciones que he presenciado hayan sido todas excelentes, experiencias de crecimiento espiritual o que encontré el sendero de la iluminación, simplemente me he dado la oportunidad de encontrar productos culturales de gran valor simbólico en sitios que antes me eran ajenos. Un eterno resplandor de una mente sin recuerdos fue la película que terminó de abrir la puerta para “aprender a ver” como decía Rilke.
  Gabriela Durán Arnaudes

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Críticas de Eterno Resplandor de una Mente Sin Recuerdos

“Una deconstrucción única del deseo innato del hombre por apartar la pena y el dolor” (Nick Schager)

“Adentrarse en un cine con Charlie Kaufman en la pantalla es como ofrecerse voluntariamente a ese viaje alocado que tomó Willy Wonka a través del túnel de la fábrica de chocolate” (Rob Gonsalves)

“Hollywood, en su mayoría, nos dice que tenemos todo lo que necesitamos dentro de nosotros. Esta película apunta que necesitamos del otro, incluso… cuando estar juntos interrumpa la felicidad” (Jeffrey Overstreet)

“Hace maravilla tras maravilla expresando la belleza apabullante y el horror existencial de estar atrapado dentro de la mente enrollada de uno mismo, y transformando en alegoría la amnesia propia de quien tiene un corazón roto, pero esperanzado” (Jessica Winter)

“… aliada con la idea Nitzscheana de que estamos condenados a ser nosotros mismos, que la ‘eterna recurrencia de lo mismo’ arrastra un golpe gravitacional en nuestro corazón” (Philip Martin)

“Suerte de historia de amor existencial al revés… un rayo blanco y caliente de extravagancia emocional” (Brent Simon)

“Hay poco encanto entre la pareja y casi ningún erotismo, sólo una serie de choques en conversaciones que pueden desquiciar a cualquiera” (Andrew Sarris)

“Una especie rara entre las historias de amor, una reflexión melancólica tanto de la cabeza como del corazón” ((Matt Brunson)

“La película perfecta sobre las inevitables imperfecciones del amor” (Ann Hornaday)

“Una de las películas más realistas en torno a la impresión impredecible que tienen nuestras experiencias sobre la idea que tenemos de nosotros mismos” (Loey Lockerby)

“Aunque salte a través de los aros desorientadores de la historia, Eterno Resplandor tiene un núcleo emocional que la hace funcionar” (Roger Ebert)

“Es como si Salvador Dalí se fuese a la cama con un ardor de estómago, se despierta a medianoche para diseñar un juego de computadora y luego tratara de borrarlo todo a la mañana siguiente” (Donald Munro)

“Finalmente, Kaufman permite que sus personajes vean más allá de la niebla de su narcisismo y de su solipsismo y se atrevan a tener esperanzas y a comprometerse con otros” (Steven Greydanus)

“El encanto y sutil sufrimiento de Sunshine es ver cómo revela secretos y pequeñas verdades sobre el amor” (Jeffrey Bruner)

“Carrey y Winslet tienen una química clara, sus escenas de reconciliación se desenvuelven con tierna credibilidad y sus problemas evolucionan con una inevitabilidad conmovedora” (William Arnold)

“De lo que carece es aquello sobre lo que, en apariencia, trata la película: el corazón que tantas veces nos hace enamorarnos de la gente equivocada en el momento equivocado” (Terry Lawson)

"Todos tienen que aprender alguna vez"- Semana III.

Estuve buscando algunas críticas de la película, no especializadas, sino de espectadores como nosotros y como ustedes. Me llama la atención que unas cuantas de las críticas encontradas señalen que la película sea más un ejercicio reflexivo que emocional. De entrada, estoy en desacuerdo, aunque sus razonamientos no son descabellados:

“(…) la temporalidad fragmentada del relato y la inicialmente débil exposición de los protagonistas –funcionales a los cuestionamientos sobre los recuerdos y las emociones y al surrealismo formal del film– son apuestas fuertes desde el guión y la realización pero nos privan a veces de unos personajes y una relación más y mejor desarrollados. Al ingenio conceptual se opone entonces la falta de climas y desarrollos que respiren verdad, y esta falta duele aun más porque Gondry revela (ya lo hizo en toda su producción de videoclips) gran capacidad para construir climas y emociones en algunas de las escenas de la película (la breve escena anaranjada debajo de las sábanas, la conversación entre estantes de librería al final del film). Estos climas –lamentablemente– no se integran ni potencian en un todo; se pierden muchas veces en cambio en un torbellino de breves fragmentos de virtuosismo formal. Los personajes funcionan como ideas, sí, pero no como personajes: las actuaciones de Carrey y Kate Winslet (a cargo de Clementine Kruczynski, la-chica-olvidada en cuestión) están todo lo bien que pueden estar partiendo de personajes a los que (especialmente en el caso de Barish-Carrey) se les otorgó poca atención y –por consiguiente– escaso espesor dramático. Lo mismo ocurre con la poco feliz subtrama que une a Kirsten Dunst (Mary) con Tom Wilkinson (Dr. Howard Mierzwiak) y desemboca en un final complaciente”. (Tomas Binder)

“Si alguna vez se han sentado sobre la arena a contemplar un mar sin límites que pregunta sobre la vida, el amor, la memoria y el olvido; si han bailado al compás de este universo, para luego en un anhelo desechar su ritmo, o si han entendido que el amor es lo único en sus días por lo que vale la pena haber vivido, entonces “Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos”, es una cinta inevitable en su destino”. (cinenganos.com)

“Tal vez por esta característica Eterno resplandor… sea un film
intelectual antes que emocional. Esto no significa que genere indiferencia
(que levante la mano quien no se haya sentido identificado con la
desdicha de Joel). Tampoco significa que se trate de un discurso sentencioso
y, por lo tanto, tedioso. Simplemente estamos ante una propuesta que
privilegia el ejercicio reflexivo en detrimento de una compenetración
sentimental profunda”. (celuloide.com)