Nuestro Top 20 del 2010 (1)

[empate] 18. The Hurt Locker o “Zona de Miedo” (Kathryn Bigelow, 2008)
Elenco: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Guy Pearce, Ralph Fiennes

“Te encanta jugar con tus peluches. Amas a tu mami, a tu papi, tus pijamas. Te encanto todo, ¿verdad? Sí. Pero, ¿sabes qué, hijo? Cuando creces, algunas de las cosas que amas podrían dejar de parecer tan especiales. Como tu caja mágica. Quizá veas que es sólo un trozo de lata y un muñeco. Mientras más envejeces, menos cosas amas. Cuando tengas mi edad, tal vez sean una o dos cosas. Para mí es sólo una” (Sargento William James)
Bastante se ha dicho que la película en sí parece una de las bombas que intentaran desarmar antes de que estalle. Pero si es una bomba, en la adrenalina de su edición, en los miedos de Eldridge, en los anhelos de Sanborn, en la energía de Will, lo es porque cada uno de sus explosivos va detonando el descubrimiento de esas una o dos cosas que quedan para estos personajes que, a fuerza de cumplir una obligación, toda vuelta a casa es provisoria y que un día más en el escuadrón, es siquiera unas horas menos de morir. La película no nos embebe de adrenalina del desarme de bombas, de la muerte, de la guerra. En ella hay una emocionalidad contenida y también hay visos de lo que implica la guerra en estos hombres. Esta no es otra denuncia de la inutilidad de la guerra, sino de cómo son los hombres que han hecho de ella su vicio y su casa.

Al final, si la película es una bomba, en donde el efecto sorpresa de la primera vez estremece la piel pero donde las próximas veces se vuelven más profundos el abandono, la desesperación y el vértigo, apenas nos damos cuenta de que ha estallado a unos metros de nosotros cuando Sanborn confiesa que desea un hijo, y apenas escuchamos el eco del estallido cuando William silencia ante su hijo esa sola cosa que todavía ama. El filme es, en su ritmo vertiginoso, un homenaje a las capacidades visuales y sonoras del cine, y en sus momentos de nervioso letargo, las consecuencias de las sensaciones que imprime la guerra en cada soldado.

Taita Boves (Luis Alberto Lamata, 2010)
Elenco: Juvel Vielma, Daniela Alvarado, Gledys Ibarra, Héctor Manrique

Las distintas miradas y voces que observan, acusan, persiguen, desean a Taita Boves le brindan un relieve espéjico a la película; matices de fragmentos que buscan una verdad, aunque terminemos siempre engañados por la intención que se esconde detrás de cada búsqueda. En esta búsqueda, el mismo Taita Boves cae trampa de sus intenciones y sus promesas. Es este giro lo que hace fascinante a la película: la biografía de un mismo personaje desde distintas miradas, frontal ante el engaño de que una sola voz onmisciente y omnipresente silencia verdades volviendo homogéneos los puntos de vista de cada personaje.

[empate] 20.  Habana Eva (Fina Torres, 2010)
Elenco: Prakriti Maduro, Juan Carlos García, Yuliet Cruz

“Sobre la base de esta historia, Habana Eva teje algunas reflexiones sobre la femineidad en un mundo determinado por el control —del amor, de la familia, del proceso productivo, de lo aceptado— con un estilo realista matizado por un tono fantástico en algunas de sus secuencias. Viéndola recordé a ratos la hermosa Jules et Jim (1962), pequeña joya de la nouvelle vague firmada por un joven François Truffaut, aunque en rigor el film de Torres evade el carácter trágico de la película francesa. Más bien le otorga alegría y esperanza al viejo trauma del triángulo amoroso. Pero también me hizo recordar Doña Flor y sus dos maridos y Gabriela, clavo y canela, novelas inolvidables del brasileño Jorge Amado en las que la exaltación del amor y la sensualidad se convierten en herramientas de la liberación personal. Porque la opción de Eva es completa y celebrativa, ajena a la tragedia. Es una mujer que exige, que sabe lo que quiere y que no renuncia a su felicidad” (Alfonso Molina, Ideas de Babel).

 INLAND EMPIRE o “Imperio” (David Lynch, 2006)
Elenco: Laura Dern, Jeremy Irons, Justin Theroux, Grace Zabriskie

Hablar de esta película es hablar de espectros. Tiene la textura de los sueños y los continuos extravíos de un laberinto. Pero no es suficiente con hablar de espectros cuando se han metido tan dentro de ti y te han confundido hasta hacer que te pierdas dentro de tus cuentos, de tus recuerdos, de tus angustias y de tus placeres. David Lynch y Laura Dern borronean los bordes entre actriz y personaje, entre cine y verdad. A pesar de las pistas para resolver el misterio, que no es más que el misterio de la trama, no hay nada tangible más allá de los sueños. Por más que nos convenzamos de otra cosa, la película esboza y desdibuja que el cine nos hace fantasmas de nuestros sueños, fantasmas de lo que otros crean y nosotros repetimos. No es que el cine “configura nuestra realidad”, como teóricos y críticos pueden confirmar. No. Más bien, la película exprime el lenguaje de la realidad a través de suss imágenes para captar el aire de improvisación y vértigo de los sueños. ¿Estamos soñando al ver una película? ¿Vivimos a través de los sueños que nos brinda el cine? Si el cine es ilusión de imágenes en movimiento, ¿no está este más cerca de la naturaleza de nuestras ilusiones que otras artes y medios de expresión?

Habana Eva, fantasía y encanto

Habana Eva,
el encanto de tu frescura queda luego de que termina la película; la picardía y la chispa de tu Teresa que le brinda humor a las situaciones de Eva, Ángel y Jorge; la energía de tus viejas verdes, gruñonas y fantasmáticas; el ritmo de tu reggaetón cubano, más hacia el hip hop que hacia la estridencia del perreo y las groserías; el ridículo e indiscreto encanto de la telenovela haciendo de las suyas en la trama de la película -en la fantasía de Teresa y su príncipe azul-; el atractivo de Prakriti, despreocupada heroína que puede escoger tal final, tan feliz… encanto por la esperanza -engendrada en el graffiti lleno de revolución que Eva lee en una pared de la ciudad- que asoma su decisión de trabajo, pero que simplemente termina siendo no más que una fantasía ajena a alguna política. ¿Encanto o engaño, entonces? El engaño conlleva a una amargura que la película no provoca, pero al menos queda la pregunta que rompe con parte de la chispa del encanto.

Tiempo después del final de la película, es palpable que su encanto es pasajero. Habana Eva permite disfrutar de su propia fantasía, de sus mujeres, de su sensualidad y de su humor: encanto ligero, sin conflictos e ingenuo.