Festival de Cine Español 2009 en Caracas (IV)

“Tenía que ver aquello con mis propios ojos” (Mateo/Harry)
“Toda película hay que terminarla, así sea a ciegas” (Mateo/Harry)

Los abrazos rotos es una evocación al cine. Sus imágenes recomponen la fuerza del medio cinematográfico a través de la trama (un hombre reconstruyendo su película a partir del recuerdo de su pasado con Magdalena) y a través de la composición de los planos. Las formas, los colores y la música reconfiguran el rompecabezas de los secretos y las tergiversaciones que han hecho los personajes de su pasado. Éste no es un homenaje al cine ni al cine de Almodóvar, sino más bien un guiño a su Mujeres el borde de un ataque de nervios con el cual le da forma a la historia de amor entre el director y su musa. Es una película provocativa por sus composiciones evocadoras de un estado de ánimo, cargadas de sospechas o de pistas, llamativas porque muestran el ‘kitsch’ de sus personajes, agudizadas por el vaivén de un humor ridículo (los celos del esposo) o ligero. Ésta es una película desarmada por restos de abrazos rotos: fotografías destrozadas, recuerdos desarticulados, abrazos, en fin, que rompen con el procedimiento esencial del cine: al abrazar, no vemos del todo a quien abrazamos, la mirada es supeditada para sólo sentir. Abrazar desencaja dos sentidos, así como pareciera que crear desencaja dos realidades. O ésta es la impresión que me queda después de ese cúmulo de imágenes evocadoras y provocativas, imágenes que dejan a los personajes en un segundo plano (¿es por esto que la película parece un poco floja: porque la fuerza no recae tanto en los personajes ni en las actuaciones?) para hacer que formen parte del fondo de la película, que enriquezcan el sentido y el relato de cada escena, mas no que lo opaquen. Al final, es una película que provoca ver y escuchar más de una vez.

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Festival de Cine Español 2009 en Caracas (III)

La película empieza con el “no sé” de un hombre ‘confuso’ reclinado ante imágenes cristianas. Pero su confusión es sólo aparente. Y esto no se debe a que la película se encargue de indagar en esa confusión, sino en develar que la guerra ha despertado sus deseos. El resto de la película será la reiteración de esto hasta el extremo, tanto en este personaje del diácono que se va a dar clases en un colegio, como el de los demás personajes. Todos son reducibles a estereotipos que, ni la dirección ni las actuaciones se encargan de explorar. Todas son sosas y sin química (incluso, y sobre todo, Javier Cámara, que siempre le mete chispa a los papeles en los que lo había visto). Son muchas tramas (la de la hija ida a Portugal con su novio, la del diácono pecaminoso, la de la mujer frustrada, la del comunista escondido) que quedan vagas y se desarrollan sin fuerza para llegar a un final exagerado que se vuelve risible. No es que la película sea terriblemente mala. Está cuidada en la parte técnica y la primera conversación entre el diácono y el padre que lo asesora es interesante, pero desde entonces, la película descuida desarrollar más las relaciones entre los personajes y cada escena hace menos convincente la trama porque se da por sentada la fragilidad de esta familia en plena época franquista y se pasa a lo controversial de los deseos y las intenciones del diácono con la mamá de la familia.

Festival de Cine Español 2009 en Caracas (II)

Con Que parezca un accidente (Herrero, 2008), se pasa un muy buen rato. La trama es la anécdota jocosa de una suegra (Carmen Maura) que, por sospechar de la fidelidad de su yerno (José Luis García Pérez), lo manda a matar con un asesino a sueldo (Federico Luppi), convencida por una amiga muy cercana. Es una trama simple, con giros fáciles y con personajes hechos caricaturas. Pero dan mucha risa, a veces a carcajadas, por la manera tan espontánea con que cada uno de los actores y las actrices del elenco delinea un personaje a través de la comedia física. Incluso cuando es un humor tonto, Maura se deja llevar por esa gracia suya tan despreocupada y provoca reírse de las metidas de pata de su personaje. Ella, junto con Luppi, Adrián Navarro (quien interpreta al hijo del asesino) y García, disfrutan sus torpezas de una manera tan sabrosa, que “hacer el tonto” adquiere una connotación ya no peyorativa, sino en un sentido de disfrutar el ridículo.

Tal vez lo más entrañable de la película es la relación entre el asesino y su hijo porque, presentada brevemente en la escena más seria del filme, retrata la ineptitud de toda la línea paterna de la familia y la carga de la que tiene que responsabilizarse el padre con su nuera y sus nietos. Al final, esos breves toques de seriedad que cada actor le brinda a su personaje entre tantas mañas, resalta la torpeza de cada uno de ellos en hacer algo útil con sus vidas.

Festival de Cine Español 2009 en Caracas (I)

Hoy no era buena idea ir al cine. Había varias cosas pendientes por hacer, clases a mitad de la tarde y el título de la película y su director me despertaban la curiosidad, pero estaba indeciso. Lo estuve, incluso caminando hacia La Previsora, donde la estaban presentando en función de 2, pero me dejé llevar.

Animales heridos deja una sensación amarga. Las manías (o las mañas) de sus personajes, tres parejas, dan risa por las nimiedades que el narrador, con ese tono de cotidianidad casi banal, resalta de ellas; pero también generan cierto sinsabor, algo de ternura y compasión (qué difícil es pensar en esa palabra sin su connotación condescendiente: me refiero aquí de identificar algo de mí en ellos, o de ellos en mí, de reconocer) porque sus mañas también son parte de debilidades más profundas. Si bien es cierto que los personajes son estereotípicos, el narrador y las actuaciones le brindan matices de fragilidad: la química entre los actores, un diálogo, una reflexión (incisiva o nostálgica) sobre el efecto que tiene la situación sobre el personaje, un gesto, en fin, un indicio de que detrás de tanta apariencia, ellos también son animales lamiéndose las heridas de sus relaciones. Lo más inquietante de ser un animal herido, lo más doloroso dirían algunos, es tener la conciencia de serlo. Lo que nunca entendí, y que distrajo casi desde el principio hasta el final, fue la aparición especial del micrófono y del boom. Aparece en tantas escenas de la película que, a partir de un momento, creí que era intencional.

Festival de Cine Español en Caracas

Yolimer Obelmejías Valdez
EL UNIVERSAL

Cumple 13 años y ya es todo un adolescente. Así llega al país la décimo tercera edición del Festival de Cine Español y esta vez un grupo de películas ibéricas se exhibirán completamente gratis en las plazas Bolívar y Candelaria, Sala Cabrujas, Periférico de Caracas, Colegio Francia y las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Metropolitana, en su apéndice ciclo Famcine.

Pero el resto del país no quedará al margen de la “gran fiesta del cine”, ya que ésta también podrá ser disfrutada en: Carabobo, Maracaibo, Maracay, Mérida y Margarita.

Douglas Palumbo, Alberto García y José Pisano, coordinadores del evento, explicaron que la logística será posible gracias al apoyo de la Fundación Cinemateca Nacional y las Alcaldías de Chacao y Sucre, al igual, que a la colaboración un número importante de patrocinantes.

El festival trae debajo del brazo ocho nuevas películas dispuestas a cautivar el interés del público venezolano con la estructura narrativa, humor y salero que caracteriza a los films provenientes de la Península Ibérica.

El ramillete de producciones está encabezado por Los abrazos rotos de Pedro Almodóvar, protagonizada por la ganadora del Oscar, Penélope Cruz, quien demuestra nuevamente su versatilidad en el papel de la sufrida Elena, una mujer con doble vida que después de muchos golpes, encuentra el amor. No obstante, no le será nada fácil mantenerlo.

La película nos recuerda inevitablemente a trabajos anteriores del director manchego, en los cuales hace alusiones al trabajo de cineastas y actores con vidas atormentadas. La historia está cargada de mucho ritmo y los diálogos tienen la franqueza de la naturaleza española. La dirección de arte y fotografía son sencillamente impecables, sin dejar de lado, la naturalidad del elenco de figuras seleccionadas por Almodóvar. ¿Qué mejor manera de iniciar esta fiesta que con el plato fuerte?

La lista del festival también incluye a Fados de Carlos Saura; Los girasoles ciegos de José Luis Cuerda; Que parezca accidente de Gerardo Herrero; Ocho citas de Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen; Casual day de Max Lemcke; Animales heridos de Ventura Pons y Aparecidos de Paco Cabezas.

El pre-estreno de la XIII edición del festival exhibirá Un lugar lejano, el quinto largometraje del director venezolano José Ramón Novoa, quien es el invitado de la muestra.

El Festival de Cine Español se iniciará a partir del próximo viernes 9 de octubre en Caracas en las salas del Circuito Gran Cine: Cines Paseo del Trasnocho Cultural, en Cinex y Cines Unidos y la UCV.

En el ciclo Famcine, el Gran Cine Móvil permitirá que los caraqueños se enamoren de la historia de Elsa y Fred (Marcos Carnevale), Días de fútbol de Jorge Serrano y El bosque animado de Ángel de la Cruz y Manolo Gómez.

La realización del festival se enmarca dentro de la celebración del octavo aniversario del Centro Cultural Trasnocho, espacio que tradicionalmente ha dado cabida a este evento.