El 2009: películas que quedaron de él en mí (II): terror a la parodia

Nunca me había reído a carcajadas en el cine. Y nunca me había vuelto a desternillar de la risa con la misma película una segunda vez, como me pasó con ella. Aquí, el horror de una maldición no es tomado demasiado en serio, sino que admite la ridiculez de la situación, y el desenfreno del humor aligera lo que, en el terror más simple, sería sólo muertes y sangre. Aquí, la risa que provoca lo caricaturesco le da otra dimensión a la tragedia de la protagonista, a su lucha por el puesto de trabajo, que también es lucha por su dignidad. Pero nada es muy serio aquí: acaso porque en la risa también hay algo de diabólico, de placentero en desear que ella siga hundiéndose hasta el infierno, por sus descuidos. Su dignidad es arriesgada por su incapacidad de ver que quien debe ser sacrificado es el que se equivoca y no medios a través de los cuales se le “echa el muerto” a otro para expiar las culpas -como lo hacen otras heroínas/víctimas (porque Hollywood convierte en héroe incluso al que escapa) de otras películas-. Arrástrame al infierno se burla con tal franqueza del género que también puede ser tomado como homenaje; en fin, parece, al mismo tiempo, una burla y un homenaje de la dignidad a través de los sustos de Christine y la maldición del cuerpo decrépito de la vieja.
¿Qué ha quedado de ella en mí desde que la vi?: Los diversos y accidentados intercambios de fluidos entre la protagonista y la vieja, incluidas las chupadas de barbilla que esta le hace a la otra: desagradable y risible a la vez.
Algo “ajeno” a la película por lo que también la recuerdo: las carcajadas casi en coro, los comentarios pedantes de un señor detrás de mí que se la estaba tomando muy en serio -la primera vez-, lo sabroso de compartir la risa aunque sea con muy poca gente en la sala -la segunda-.