Haz lo correcto: la visita de Spike Lee

Ayer en la noche me enteré de que Spike Lee iba a dar hoy una conferencia en la sala de la Cinemateca Nacional del Museo Bellas Artes. Se me hizo difícil creerlo, al principio, pero igual estuve ahí a las 10 de la mañana, sin prestarle demasiada atención a la tardanza, a lo mal improvisado del evento o a la impelable dosis de rojo-rojito característico de la mayoría de los eventos organizados por el gobierno. Esto poco importó frente a la impresión que me dejó la película o a la presencia posterior de tal director(azo).

Desde el comienzo y hasta el final, la película tiene una energía (aunque aquí me gusta más la palabra ‘vibra’) que atraviesa todas las situaciones entramadas en esta calle de un barrio de Brooklyn. Es una energía que proviene, en parte, de la música, en parte del humor, pero sobre todo, de los diálogos entre todos los personajes y del paso ágil, nunca atropellado, de una situación a otra. En la película se va construyendo un ritmo, mucho más que sobre el racismo, sobre la vida en este barrio, a la vez que son retratados los ritmos distintos de cada uno de los personajes. Así, la visión de Spike Lee muestra tales ritmos desacompasados a través de un tono de burla ‘refrescante’, pero también con la agudeza para asomar la incapacidad de varios personajes para comunicarse (recuerdo la escena en la que, con planos cerrados, se muestra a cada uno de los presentes en la pizzería gritándole a los demás, justo antes de que peleen) y el sinsabor que queda al final, sinsabor de egoísmo y sinsabor de imposibilidad.

Luego, entre su espontaneidad, su franqueza y sus anécdotas, (contó una sobre la concepción y filmación del video de Michael Jackson “They Don’t Care About Us”) Spike Lee respondió las preguntas de algunos y, al anunciarse abruptamente el cierre de la conferencia por razones de horario, él se despidió exclamando “Fight the Power”, parte del coro de la canción que abre la película. Y así, repentinamente y casi como si nada, terminó el encuentro con Spike Lee del que apenas ahora empiezo a caer en cuenta de que efectivamente ocurrió.