Puesto #3 de nuestras favoritas de 2010

Obsluhoval jsem anglického krále o “Yo Serví al Rey de Inglaterra” (Jirí Menzel, 2006)
Elenco: Ivan Barnev, Oldrich Kaiser, Julia Jentsch, Marián Labuda

Manuela: Yo serví al rey de Inglaterra es un hombre mirándose al espejo, reconociendo su pasado, admirando sus recuerdos como un álbum fotográfico. Mirando un pasado en donde lo material lo es todo desde un presente donde el protagonista no tiene nada material, donde lo que realmente importa no puede comprarse.

Eduardo: Sí, Manu, aunque habría que estar atentos a que siempre se necesitan los espejos, como Jan colecciona espejos en la cabaña. “Verme a mí mismo es suficiente”, sí, pero ni siquiera las reflexiones de un hombre sentado ante su pasado es suficiente cuando no hay objetos en los que reflejarse, sin estas reflexiones de imagen.

Manuela: Lo de los espejos es hermoso.

Eduardo: A mí lo que me parece más fascinante de la película es esta imagen de los espejos. Es como si cada época de la película le devolviese al protagonista, ya envejecido, reflejos amargos o evocadores de sus sueños. Y, a su vez, con cada una de sus amantes, él les devuelve un reflejo de cómo las ha amado. Para mí los espejos articulan todos los aspectos de la película a través de una serie de reflexiones; reflexiones de imágenes, de temas, de épocas y de personajes.

Damián: La película iba muy bien hasta que aparece la guerra.

Manuela: Porque la guerra lo lleva todo a la mierda, pero luego vive del recuerdo ¿no?

Eduardo: Por esa sucesión de reflexiones (insisto, no sólo temáticas, sino imaginales), no me molesta en lo absoluto la guerra. La guerra es la consecuencia natural de la actitud de Jan hacia la vida, la actitud de los checos, como él mismo señala, “de no ir a la guerra”. La indiferencia hacia su propio país los lleva a la guerra; una guerra a la que, igual, Jan ve a través de ideales: sea el ideal patriótico cuidadosamente parodiado en el personaje de su esposa, o seal el ideal económico que él mismo alcanza en ese gesto tan pedante de montar dinero en la pared del hotel que compra.

Moisés: Y también se ve cuando se hace pasar por alemán, cuando se “nazionaliza”.

Manuela: Qué asco me dio eso. A mí me costó reírme.

Moisés: Es demasiado cómico: lo trataban como un alemán de “segunda categoría” y él ahí solo en un busca de ese “ideal”.

Manuela: Pobre Jan. Era un masoquista.

Eduardo: ¿Acaso, con cierta complicidad sí, pero no sentimos la misma repugnancia hacia él cuando pega el dinero en la pared como la que sentimos hacia su esposa con sus ideales nazis? Hay un dejo de superioridad y de estupidez tanto en su búsqueda por el dinero como en la búsqueda de ideales patrióticos. Y, aun así, la película se cuida de no parodiar demasiado a sus personajes ni las situaciones en las que se ven envueltos. No hay condescendencia en su mirada y, más que ternura, es una agudeza para descubrir el humor y la amargura (no la del reproche, sino la de la tristeza en lo que nos hemos tardado en descubrir como error) en Jan.

Manuela: Sí, bueno, pero ya a Jan le teníamos cariño. Me pareció infantil, pero no repugnante. Porque realmente Jan es como un niño, un niño que quiere más y más dulces, que quiere seguir jugando.

Moisés: Sí, en comparación con el Jan mayor que vemos a cada rato y nos está mostrando sus errores.

Manuela: La cárcel funciona como esas cachetaditas que queríamos darle, evidentemente lo hace reflexionar y madurar.

Eduardo: Para mí no es una cuestión de madurez (sería olvidar los atisbos de inocencia en su mirada y de juego en su sonrisa), ni de una oposición joven/viejo (habría que notar cómo incluso los tonos opacos casi sepia de las escenas de su vejez conservan una alegría que va más allá de la nostalgia y la iluminación de sus escenas de juventud es tan brillante que a ratos nos recuerda el carácter ideal de varias circunstancias), sino de una mirada compleja hacia su vida. No es que la cárcel lo haga madurar, porque ha sido antes que la amargura de esta conciencia de reflexiones me hace un nudo en la garganta. Es que la cárcel es otro de sus reflejos, incapaz de que fuese reflexión si no existiesen las demás situaciones en su vida. La película capta los matices de cada uno de sus trabajos, de cada una de sus amantes, de cada uno de sus anhelos como si fuera cada moneda con la que él se burla de los demás.

Damián: La película es una excelente parodia que se exacerba en la imagen de la guerra y arruina su final. No es que quiso hacer de eso un símbolo, más bien me parece el extraño fenómeno ese de tiempo que se observa en tantas películas, pecan de inmediatez hacia el final.

Eduardo: El final es lo más arrollador de la película, con su encanto de alegría efímera, todavía con las lágrimas y la amargura, por esto mismo, alegría reafirmante. No me atrevería a decir que es un final feliz, sino el final de un hombre consciente de que la alegría nada tiene que ver con la amargura del que posee, sino con la sonrisa de quien está desprovisto de posesiones.

Moisés: La película es una constante reflexión de un país que mira su pasado. Y que a pesar de los errores cometidos, construye a partir de las cenizas algo nuevo. Creo que sin profundizar mucho y sin saber mucho del problema checo, hay algo de la forma de la identidad nacional que está presente en la película. Como si fuera una reflexión interna, somos así, porque fuimos esto, pero a pesar de ello, se puede construir algo.

Eduardo: Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, Moisés. El espejo siempre devuelve una posibilidad también y esto nunca lo olvida la película. Somos así: fuimos así: ¿podemos ser otros?

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