Imágenes y palabras en moviemiento

Moviemiento, encuentros de cine

“Hablamos del amante en el sentido aconyugal, ilícito y cómplice del término: ese que no tiene hora o sitio fijo, ese que reparte sorpresas al cuerpo y huye de toda sujeción legal. La relación con el amante es lo inestable: lo que siempre está a punto de romperse” (Sabor y saber de la lengua, María Fernanda Palacios)

El cine, este encanto de la imagen en movimiento, encuentro a oscuras entre amantes, encuentro colectivo donde confluyen intimidades. El cine, proyección de lo que somos: callamos y anhelamos esta cercanía de la sala a oscuras, de la imagen en movimiento perdida cuadro por cuadro. El cine, intento de recuperar el presente perdido en cada movimiento. El cine, emoción: imágenes a oscuras que nos mueven o nos paralizan en el tiempo. Somos movimiento: pérdida y cambio que nos brindan una aparente continuidad. El cine es la seducción y la evocación de esta pérdida.

Un día surgió la inquietud de reunirnos. Sencillo: ver películas y hablar de ellas. Un día hace casi un año. Surgió entre los vericuetos tecnológicos del correo electrónico, del concederle el espacio probable del grupo a la virtualidad más que a la realidad: en principio, crearíamos un blog y nos reuniríamos en persona eventualmente. Entre las pocas concesiones que tiene esta ciudad y los esfuerzos de cada uno, hemos podido mantener la regularidad de nuestras conversaciones; conversaciones que no se limitan al cine de autor, pero que sí tienden al cine con una voz particular, películas que siembren cierta curiosidad o reflexión más allá de las palabras que se puedan dedicar en cuanto a su calidad. Somos inconformes del “es buena” o “me gustó” porque las impresiones más hondas, aquellas agazapadas en una imagen, un sonido, una música y/o un diálogo, son las más provocadoras.

No buscamos desmenuzar como críticos o estudiosos de cine. Deseamos compartir impresiones, huellas de una experiencia. Tentados a acercarnos al cine no sólo con expectativas, también con emociones e imágenes que plasmar, no pretendemos unificar lo que vemos y discutimos. Cada historia es un territorio con sus relieves y meandros particulares; cada espectador es un explorador. No descubrimos nada, sólo tanteamos nuestras impresiones: estas huellas que han dejado otros y estas otras que cada sitio deja en nosotros.

Eduardo.