El Incierto final de El Caballero de la Noche (The Dark Knight Rises, Nolan, 2012)

Las trilogías no siempre terminan bien. Incluso dicen que segundas partes no son buenas. Pero luego de ver The Dark Knight el mismo Christopher Nolan dejó “la vara muy alta” para lo que sería la tercera entrega de la saga. En el proceso desde 2008 hasta 2010 se corrían rumores de los posibles villanos para la última película, un pingüino interpretado por Phillip Seymour Hoffman o un Acertijo interpretado por Johnny Depp fueron algunos de los nombres que se avizoraron. Al final se develaron los nombres de los villanos: Catwoman (Anne Hathaway) y Bane (Tom Hardy) serían los encargados de hacerle la vida imposible al alter-ego de Bruce Wayne (Christian Bale).

Un final con mucha incertidumbre para la saga de Nolan, la ambientación de este film fue un poco menos “oscura” que su predecesora, pero contó con un villano muy mental y con mucho poder a nivel físico, Bane que en este film fue hecho con mas poder mental que físico, a diferencia de la visión de Joel Schumacher que lo colocó como un ser de puro músculos y nada de materia gris, pero aunque el personaje fue bien confeccionado se dejaron muchas lagunas sobre el origen del villano que en esta oportunidad interpreta Tom Hardy; otra “villana” es Catwoman una ladrona con mucha habilidad cuyo verdadero nombre es Selina Kyle y es encarnada por la hermosa Anne Hathaway, ella hace una de las mejores interpretaciones en el film debido a la dualidad moral y el síndrome Robin Hood que vive.

Las actuaciones de Michael Caine, Morgan Freeman, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard y Christian Bale le dan la atmósfera sentimental a la película y la aparición de Liam Nesson es un as bajo la manga de Nolan, esta película es un vórtice de sentimientos y torbellino a nivel psicológico, pero quede con ganas de seguir viendo al héroe nocturno espero que hagan algo porque con este film dejaron cabos sueltos

Rowerth Goncalves
@Rowerth_unico

Perseguidores, perseguidos, olvidados

Caminas por la calle, entre anónimos. Aun reconocer un rostro es el engaño de entumecidos; poco después y sin darte cuenta volverás a ser de la multitud. Eres parte de este tumulto, este tumor de gente, masas de rostros que no te importan y que no te pueden importar si quieres seguir. Eres otro anónimo, nunca tú, yo, ni él, mucho menos nosotros, no vas hacia el nombre, sino cada vez más lejos de él. Te inquieta si sientes que persigues a alguien o que alguien te persigue, aunque apenas coincidan en estas calles que son sólo para acallar la naturaleza, ahora sobrenaturaleza, de los días.

Es esta sensación de perseguidores y perseguidos la que se queda conmigo de Following: la calle es un túnel de donde los ecos de cada conciencia murmuran, desolados, como el azar que despierta a los transeúntes en su rutina de vida, de trabajo, de pasiones. La música y la fotografía resuenan como una persecusión latente. Y es este rasgo el que desaparece más pronto en la película para convertirse en una repetición, un truco de narrar la historia en distintos tiempos. Aquí es cuando la emoción de la película se sostiene por creer sus sorpresas, pero no porque Cobb, la rubia o el joven escritor sean fascinantes. Ella misma se enreda en su trama y sale de ella, desentendida de imaginar esa vida latente de las calles o de sacar de las entrañas la escritura que hace el joven. Así como la rubia y el joven son anónimos y el único que tiene nombre es quien los engaña, todo esto termina importando poco. Son otros anónimos como nosotros cuando caminamos por la calle, con una vida que comienza y termina en cada rostro, con sueños pequeños, esos que esta película no termina de descubrir su relevancia en la textura particular que le brinda cada uno con su cuerpo. Todo ha sido un engaño de quien se satisface de ser buen narrador y ahora, más allá de las sorpresas que sólo marean, cuando Cobb es otra cara entre transeúntes, ya nada importa.

Puesto #10 de nuestras películas favoritas del 2010

Inception o “El Origen” (Christopher Nolan, 2010)
Elenco: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Michael Caine, Ellen Page, Ken Watanabe, Cillian Murphy, Tom Hardy, Tom Berenger.
Vamos a pasear en el inconsciente humano. El infinito calculado lógicamente. Metámonos en el sueño de un sueño de un sueño y más adentro. Como un espejo reflejando otro espejo… Y cuando sintamos que nos va a explotar el cerebro tratando de recordar qué hacemos ¡zaz!: otra muñeca rusa. Pero cuidado si te sumerges tanto que no puedes subir. Cuidado con confundir conciencia e inconciencia, con dejar de recordar quiénes somos, para dónde vamos. Cuidado si la muñeca rusa te atrapa, te hechiza, te amarra. Porque “todo en la vida es sueño y los sueños sueños son”. Un juego peligroso (Manuela Moore).

Inception o la lógica disecando el sueño

“¿Has soñado alguna vez?”

Concepción
Qué fascinantes nuestras maneras de hacernos espacios dentro de los cuales vivir. De una manera similar como el hombre hace su hogar, cada recuerdo, cada sueño, cada idea, cada emoción nos articula a nosotros: crea una interioridad que es también una manera de relacionarnos con el alrededor. Sea la casa de bahareque de un campesino, la casa de una familia o el apartamento de un ciudadano común, la manera de vivir el espacio construye nuestra intimidad. Construye, demuele, reconfigura. La creación germina con la transformación. Y cómo cuesta asumir la fragilidad del cuerpo que es nuestro espacio.

La idea que se concibe en Inception me ha inquietado desde hace tiempo, aunque mi afinidad ha partido más desde el lugar del lenguaje: cuáles espacios construye la palabra dentro de nosotros, ¿es el lenguaje el que articula nuestra intimidad?, si es así, ¿hay diferencias entre el espacio físico y el espacio íntimo? Pero el interés entre los espacios que creamos, sea a través de sueños e ideas o de la palabra, y nosotros está engendrado en la película. A fin de cuentas, la palabra también germina en ideas y en sueños. Nuestras realidades no existen sin lenguajes.

Incepción
La idea se va estructurando a lo largo de la película con una seguridad impresionante. Más que un virus o un cáncer, el guión se arma con la firmeza de un esqueleto. La misión es presentada a partir de cada uno de sus integrantes. Cada rol es una alegoría dentro del sueño: lo construye desde sus ideas: el arquitecto proyecta los niveles del sueño a través de lugares distintos, el forjador desarrolla el funcionamiento de la idea y así sucesivamente hasta descender a la sombra, el reflejo que obsesiona al extractor mientras organiza y puebla el sueño. Cada paso dentro del procedimiento va generando expectativa.

Roles, tiempos y lugares están sincronizados y articulados dentro de la lógica de la película. Ella prevé incluso las contradicciones naturales de la creación: Cobb hace prohibiciones que luego rompe para que la creación sea posible (inception es traducida como iniciación, pero sembrar o incrustar parecen más maleables al hecho de la creación). Poco a poco, la película acepta la paradoja como una manera (¿la única?) de esquivar la imposibilidad de la misión.

Decepción
Pero ella termina por construir los sueños como si se tratara de explicar lo que soñamos anoche buscando los vínculos inmediatos con la realidad. Podemos hacerlo, y a veces nos sorprendemos con que un detalle común de la realidad se trastoca dentro del sueño como algo bizarro, pero justificar un sueño es desproveerlo de su misterio particular. Es un lenguaje sin poesía.

Dónde está la fuerza evocadora de las imágenes más allá del ingenio visual de hacer estallar las leyes de la física cuando se perturba el sueño. Los efectos visuales arman un espectáculo de lo que la imaginación puede hacer, pero la realidad sigue sin sentirse frágil. Los sueños de la película no son ambiguos: cómo se le puede pedir que sus realidades lo sean. Dónde está el sentimiento o la empatía por los personajes, siquiera por Cobb: el guión se empeña en mostrar a sus hijos sin rostro y a la sombra de su esposa como su lado vulnerable, pero se confía de insistir en estas dos imágenes hasta reducirlos a cliché. El resto de los personajes son tan planos que la parajoda más profunda es cómo una película quiere dimensionar nuestras ideas y sueños dentro de nosotros si no le brinda espacio a los suyos propios.

Dónde queda lo frágil de la realidad, fracturada además por los puntos de vista de cada espectador que es de por sí un soñador. Si el hecho de contemplar evoca consigo nuestras maneras de soñar confundidas con las de ver la realidad, la película más bien aísla el sueño de la realidad y lleva al pie de la letra a esos soñadores que prefieren dormirse para sentir su realidad. No me seduce con los encantos, las ambigüedades, los caprichos, en fin, los laberintos de cada realidad. El pasado de Cobb está perfectamente esbozado como para dejarnos perdidos en sus laberintos, y su manera de “poblar los sueños” los aplana. Al final, qué es la realidad sin estos meandros e incertidumbres, cómo delinear límites sin perderse en las fronteras. Si no fractura la realidad, la idea no tiene las raíces de un cáncer ni la densidad de un sueño, sino la lógica de un diseño que se queda en el croquis. Cómo construimos un espacio sin la inquietud del cuerpo o de la mente.