Diálogos inconclusos: Shame (1): Brandon y el narcicismo

“¡No encontraba boca para besar! Una voz interior pareció reprocharle: – ¡Insensato! ¿Cómo te has enamorado de un vano fantasma? Tu pasión es una quimera. Retírate de esa fuente y verás como la imagen desaparece. Y, sin embargo, contigo está, contigo ha venido, se va contigo ¡y no la poseerás nunca!” (Las metamorfosis, Ovidio)

CRISTINA: ¿Es Brandon un narcisista? Yo voy y vengo, todavía no estoy segura de que lo sea. Siento que él está consciente de su malestar, así que ¿hasta dónde el narcicista está consciente de que está mal?

YAMILETH: Yo sí creo que Brandon sea narcisista, sólo que hay muchos niveles y estados de narcicismo, unos más primitivos, otros más dilatados.

CÉSAR: No, yo no creo. La relación entre Brandon y Sissy da cuenta de que Brandon es capaz de ver más allá de sí mismo, aunque levante mil paredes ante Sissy. Alguien narcicista no es capaz de ser afectado por el dolor de su hermana.

MOISÉS: Para mí sí lo es y creo que Sissy lo hace verse a sí mismo.

CRISTINA: Sí, estoy de acuerdo con César. ¿Qué les hace pensar que es narcisista?

EDUARDO: ¿Para ustedes el narcicista es, por decirlo de alguna manera, un completo engañado ante su propia imagen, entonces?

CRISTINA: Sí, es un engañado, pero no sé si completo, por eso mi duda.

MOISÉS: Para mí, es quien busca satisfacerse a sí mismo.

EDUARDO: Yo me quedo con la duda, y si nos quedamos con ella, implica que si no es narcicista, está bastante cerca.

CRISTINA: Y, sí, es cierto, esto de encerrar a las personas en patologías es una mierda, pero a veces es necesario.

CÉSAR: No, para mí, el narcicista es quien admira su propia imagen. Y Brandon desprecia cada trozo de su imagen y quisiera destruirla, agitar el agua donde se está reflejando.

EDUARDO: Casi estoy de acuerdo contigo. En el mito, el propio Narciso se lamenta de su pasión. Cambia ‘de su imagen’ por ‘sí mismo’ en eso que dices y estoy totalmente de acuerdo. Él está satisfecho con su apariencia, pero no con su imagen.

YAMILETH: Una de las escenas que más me hace pensar que sí es un narcicista es la cita con Marianne en el apartamento-mirador. Ahí él no logró “tirársela” porque es incapaz de “dar” al otro algo de sí, estaría perjudicándose, arriesgando, dando, emoción. Hablo de afectos, de la vida de los afectos, esta vida en la que él parece, sencillamente, un niño

CRISTINA: No sé, el amor del narcicista es un amor falso, una máscara.

CÉSAR: Pero Narciso se ve reflejado en el agua, ve su réplica exacta. No hay falsedad ahí. La imagen del narcicista pudiera ser real o ficticia, lo importante es que la ame.

CRISTINA: ¿Y cómo puede ser narcicista una persona tan destruida, tan inconforme con él mismo a nivel consciente? Además que para el narcicista nunca se ve a sí mismo como el problema.

YAMILETH: Cris, alguien consciente hace algo para cambiar el malestar. La conscientización sin cambios no puede ser conscientización.

CÉSAR: Ése es el gran fracaso de la psicoterapia. La conscientización puede ser bastante inútil. Al final, yo creo que alguien narcicista es, ante todo, un hijo de puta. Y cuando él se conmueve ante el talento de su hermana cuando canta, ante la belleza de alguien que no es él, para mí es muestra de que no es narcicista.

EDUARDO: Tal vez entonces no se trata de que esté ‘consciente’ en vista de que no hace algo (botar la pornografía no es suficiente si la siguiente noche termina como termina Brandon), pero desde el comienzo, esa primera imagen nos descoloca, con él al borde del plano, cadavérico y a duras penas ese azul que lo acobija.

Más que todo sobre Mélanie Laurent, pero también de películas sin subtítulos y el César venezolano

Wikipedia (casi) todo lo puede

Algunos saben que yo descubrí quién era Mélanie Laurent en El Gran Concierto. Cuando terminó la película, me perdí la explicación de mis compañeros de sala cuando contaban que era Shosanna la de Bastardos sin gloria, por eso llegué a googlearla a casa.

En mi cuarto me enteré de lo que medio cine sabía; así que me sentí afortunado al saber que había visto ya dos películas de ella donde actuaba de una forma fenomenal. Ahí empezó la pequeña obsesión. Al día siguiente desapareció Gwyneth Paltrow del wallpaper de la computadora de mi trabajo por una foto de Mélanie Laurent en alguna película que no había visto. Luego, Wikipedia, maravillosa, me dijo que había ganado el César como actriz revelación por su papel en Je vais bien, ne t’en fais pas.

Este video me hizo buscar la película y verla inmediatamente. Sin duda otra actuación genial, espontánea. Es una película que cuenta la historia de una familia acabada por el miedo y la soberbia. La gracia de la actuación de Laurent te transporta a su mundo interior de incertidumbres que mantiene a los espectadores con la tensión y el suspenso justo para no querer darle a la barra espaciadora (pause).

Así decidí que debía ver otra película. De latir mi corazón se ha parado, la escogí de forma aleatoria al hacer tin-marín en su entrada de Wikipedia. Esta vez no tuve suerte. La aparición de Mélanie fue más corta que la de Schwarzenegger en Terminator 4. No obstante, los 30 segundos que aparece son suficientes para seguirla amando.

A São Paulo sin traductor

Antes de su próxima película, decidí ver otra cosa: cine brasileño. Siempre me ha gustado el humor de Brasil. La jocosidad de los cariocas no me deja despegarme y esa cercanía a lo popular, folclórico y autóctono —quizá del acento—, aunque sea una película sobre el odio de hinchas de dos equipos de fútbol paulistas, me transporta. Así llegué a É proibido fumar: por una nota de El Universal diciendo que había ganado el Festival de Cine de Brasilia como mejor película, en la que Bastardos sin gloria (Mélanie Laurent en el inconsciente) había resultado ganadora de la categoría de mejor película extrajera.

No la vi. No pude ver É proibido fumar, porque nadie, en todo el mundo, la había subtitulado en español. Ni en inglés. Ni en portugués. Habrá que esperar a que la traiga la semana de cine brasileño en la cinemateca. Si tenemos suerte.

Así que para mi próximo filme no quise arriesgarme mucho. Dikkenek es una película en la que Laurent toma un papel secundario. No obstante, había sido reconocida con la Estrella de Oro, del festival de cine de Marruecos, por su actuación en él. Además de eso, es una película Belga (nunca había visto una). Su nombre, en flamenco, significa muchas cosas (cuello grande, mujer, “lo que sea”) en ese idioma. Marion Cotillard también aparecía en el largometraje, por lo que ya tenía suficientes razones para verla.

No la he visto. Al final, no conseguí subtítulos en español. Sólo había —en toda la web— en francés y en inglés. Es triste, porque me hace pensar que las otras 10 o más películas de Laurent que no he visto, no estarán disponibles en mi idioma. No obstante, veré Dikkenek en algún momento subtitulada en inglés, resignado. ¿Qué pasa con los subtítulos en español de películas de otros países que no sean Estados Unidos?

Ewan McGregor, Mélanie Laurent y Edgar Ramírez

Por otro lado, no todo es tan oscuro. Bastardos sin gloria le dio un impulso a la joven francesa; un reconocimiento mundial. Por lo que Hollywood la ha estado seduciendo. Beginners, estrenada en 2010 en el Festival de Cine de Toronto, se empezará a distribuir en los cines comerciales a partir de junio de 2011. Aquí su tráiler:

Esto me hace pensar que habrá Mélanie Laurent en el cine para rato. Quizá ahora es que está comenzando. Aunque ya tenga varias nominaciones y un César al hombro. Justo ayer Edgar Ramírez se alzó con el mismo galardón que Laurent en Francia: actor revelación. ¡Qué bueno saber que hay gente de tu país haciendo buenas cosas! Acá les dejo el link de la noticia completa publicada por El Universal.