¡Sin Palabras! (L’Artist, Hazanavicius 2011)

Cuando me hablaron sobre L’Artist, pensé que sería un filme de esos que te hacen evocar el cine antiguo, pero poco a poco me di cuenta de que Michel Hazanavicius tenía una visión más allá de lo convencional, personajes que se asemejan a la realidad de actores como Rodolfo Valentino quienes después del sonido no tuvieron auge en Hollywoodland. L’Artist es un filme lleno de emociones en el que se observa muy claramente lo abstracto del mundo del celuloide. Pero regresando a lo que nos concierne, la película te lleva a un mundo mágico en el cual la simpleza de la historia hace que sea una obra maestra.

Jean Dujardin se encarna en la piel de George Valentine, un actor de cine mudo que goza de la vida de estrella que se merece hasta que comienza la era del cine sonoro con el que Valentine no está muy de acuerdo y su carrera comienza a decaer, mientras que, con una historia invertida, Peppy Miller, representada por Berenice Bejo, es una chica que poco a poco se gana el cariño de todos y al final llega para convertirse en la estrella máxima del cine. Entre estos dos personajes se crea una historia de amor bastante extraña que va desde lo simple y convencional hasta situaciones emocionalmente complejas. Un personaje que le da vida al filme es Uggie, un perrito que acompaña a Valentine en sus actuaciones y que termina siendo otro protagonista de la historia.
L’Artist es, sin duda, una historia fresca que no necesita de grandes parlamentos para mantenerte enfocado en lo que ves en pantalla, con actuaciones esplendidas, situaciones que van desde lo simple a lo complejo y una visión que rememora una época de innovación dentro del séptimo arte. Es la película que te hace pensar que no todo es tecnología, es el filme que te lleva a un nivel que ninguno de los que vivimos hoy en día ha podido ver.
Rowerth Goncalves. (@Rowerth_Unico).
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3 comentarios en “¡Sin Palabras! (L’Artist, Hazanavicius 2011)

  1. La película me impresiono en su comienzo pero poco a poco me fue resultando pesada, demasiado anecdótica, se fue volviedo una copia relamida de Chaplin, … y …
    El mérito es- sin palabras- un comienzo tan osado, tan bien resuelto … pero creo que sobran metros…

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  2. Nunca me detuve por aquí a conversar sobre ella. Tal vez fue lo poco que me quedó de la película.

    Más allá de su pesadilla (¡no sería ese el temor de un actor de cine mudo: el sonido! La escena está llena de una sencillez y un humor inigualables) y de la afabilidad de Jean Dujardin y Berenice Bejo, la película se queda en lo convencional, en la anécdota de la transformación entre el cine mudo y el cine sonoro. Hay una que otra imagen que queda, sí, pero ahí me dejó.

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