Imágenes y sonidos de Yi yi (2)

“- La primera vez que cogí tu mano. Estábamos en un paso a nivel, íbamos al cine. Te tendí la mano, avergonzado por lo sudorosa que estaba. Ahora estoy cogiendo tu mano otra vez. Es sólo un lugar diferente. Una edad diferente.
– Pero la misma mano sudorosa”

La mirada de Edward Yang, desde la sencillez de dos diálogos yuxtapuestos, el del padre y su amante de la juventud, y el de la hija y su amante (¿además, acaso, dos estados del amor: el de la juventud que vuelve actualizando la acepción que le damos ahora al amante, de “engaño”, y la acepción genuina de amante: quien ama que es quien está conociendo, descubriendo?), desde la sencillez de un paseo por una ciudad que no los escucha, que los mantiene alejados, rodeados de transeúntes anónimos, y que lo que nos devuelve su intimidad es sus voces tan cercanas a nosotros, nos brinda estos ciento ochenta grados de la nuca que somos incapaces de ver en la cotidianidad. De un presente que no recuerda el lugar de un agarrarse de manos, la voz del padre nos devuelve a la intimidad del pasado a través del presente de la hija, evocador aunque nos amenace con pasar desapercibido.

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