Sobre La vida secreta de las palabras

Hay muy pocas cosas…Silencio… y palabras
Cuántas olas, cuántos segundos, cuántas respiraciones. Cuánto. Cuánto dolor retenido, cuánto silencio tras las palabras, cuántas palabras tras el silencio. Hay cosas que pueden medirse, hay cosas que no, hay cosas que no importa medir, como la inmensidad. Al final, es cierto, hay pocas cosas.
Siempre hay un mundo secreto, y ese mundo siempre es enorme. Habla en un lenguaje parecido al del mar. Luego están los verdaderos abismos, donde cualquiera se ahoga o en los que se aprende a nadar. Aguas envenenadas, estancadas en la dura profundidad. Nunca sabemos qué hay en alguien que quiere ser dejado en paz.
Sin embargo, se olvida también el dolor. Pasa, se disuelve. A veces la corriente sólo trae de regreso, casi desapercibido, un ligero sabor amargo.
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3 comentarios en “Sobre La vida secreta de las palabras

  1. Con tu escrito, Cris, esta corriente trae el encanto de cuando la vi, más que el profundo dolor de la película que apenas sana. De esta película recuerdo tres cosas en apariencia ajenas a ella: haber ido a verla con Tony O. y, casualmente, con Yami -para este momento no nos habíamos presentado cara a cara-, y la canción de un grupo que acababa de escuchar, “Hope There's Someone” de los Antony and the Johnsons” que, cuando sonó, la angustia contenida a lo largo de la película, se convirtió en mis lágrimas. El filme se quedó conmigo, más por sus circunstancias que por sus imágenes. Las llamo ajenas en apariencia porque no pertenecen a ella, pero sin la película no se hubieran provocado.

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  2. En verdad es una película que despierta algo, no sé si es muy chiflado pensar que realmente hay un lenguaje casi secreto tras el guión, algo que no se dice pero que, más que presentirlo, se nos queda en la punta de la lengua sin que podamos terminar de articularlo. Es curioso eso que describes, que una película, un libro, se queden con nosotros más que nada por la circunstancia en que se nos presentaron, también me ha pasado.

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  3. Yo sí sentí una angustia, un secreto, que se descubrió al saber quién era la narradora. Qué devastador es este descubrimiento. Como si toda la historia fuese un aborto de sentimientos, impresiones y personajes a través de la narración.

    Y continuando las casualidades (porque “podría contar mi vida uniendo casualidades”, como dice Ana en Los Amantes del Círculo Polar), este año el Festival de Cine Español trae la última película de Isabel Coixet, “Mapa de los sonidos de Tokio”, cuatro años después de aquella vez.

    Qué casualidad que trajeras “La vida secreta de las palabras” por esta época para coincidir con la llegada del festival y, especialmente, de esta película. O tal vez sea yo leyendo demasiado en simples casualidades.

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