contratiempo

Hay una inutilidad angustiante en Fargo. Inutilidad que se permea en la lentitud de los personajes, ralentizados por la nieve. Lentitud que se vuelve torpeza y malentendidos.

El ritmo y el color, lento patetismo hecho trascendencia: el invierno aísla a los personajes en sus pequeñas perspectivas, los reduce a sus intereses, las equivocaciones se vuelven violentas, la violencia desnuda la tacañería de Lundergaard, la calma resalta la simpleza de los esfuerzos inútiles. Pequeños, reducidos a las necesidades del día, la inutilidad de encajar en una rutina desvela el ridículo y la malicia de los personajes que los contratiempos despiertan.

Las palabras de los diálogos: tonos, acentos, repeticiones, tartamudeos, confusiones. Mentiras de las que nos podemos reír porque no somos nosotros los que nos enmarañamos en los enredos de sonido que rayan en el gesto absurdo, en ese hilo fino, tan agudo que casi es imperceptible, entre los malentendidos de cada acción y la tragedia que se contiene frágilmente tras cada torpeza. La música de Carter Burwell provoca ecos de esta angustia, una expectativa ante el pequeño mundo de estos personajes, un no poder ver qué pasa por sus mentes aunque veamos qué le pasa a sus cuerpos, una risa y una inquietud. ¿Es la angustia por no poder ver más allá de nuestro pequeño mundo? Sea así o no, siempre queda la ridiculez y el alivio de reírnos también de lo que no entendemos.

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2 comentarios en “contratiempo

  1. Me parece que es una risa superficial, casi nerviosa, la que provocan las situaciones de la película. Cada día nos reímos de lo violento, de lo brutal, a veces sin darnos cuenta. Otras veces es un mecanismo de defensa, manera de quitarle peso y realidad, de aligerar esa maldad que nos incluye. Maldad que por cierto es más terrible por absurda que por otra cosa. Nada peor, creo yo, nada más agresivo hacia nuestra “integridad”, que lo que no tiene un sentido.

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  2. Tu última oración me deja pensando, Cris. Por un lado, nada peor que no encontrar sentido(s) en lo que vemos. Y, de alguna manera, las incongruencias en “Fargo” me provocan, tras la risa, cierta ansiedad cuando se desata la violencia. Por ejemplo, cuando uno de los secuestradores intenta arreglar el televisor en el cual sólo se ve la estática. Hay una futilidad casi incontrolable en este gesto. Pero, por otro, ¿no hay algo más agresivo que encontrarle el sentido a las cosas? ¿No hay cierta imposición cuando Marge habla con el secuestrador ya asesino, en la patrulla; cierta violencia incluso en la simpleza con la que Marge habla de sus impresiones sobre el dinero y el mundo? Encontrar sentido violenta la realidad para darle forma al mundo de cada quien.

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