Allen: Hannah y sus hermanas (1986)

Hay en esta escena una química entre incómoda y cómplice entre Lee y Arthur. La táctica de Arthur para encontrarse con ella por casualidad; la visita a la librería donde merodean entre libros pero nunca coinciden en la misma escena, como si estuvieran desahogándose el uno sin la otra totalmente ahí y viceversa; la despedida en la que él le insiste a Lee en leer el poema de la página 112, como si su confesión sólo pudiera transmitirla a través de la poesía y sin ella presente; todos estos son indicios de un encanto entre ellos que es el encanto de la película. Personajes que sólo nosotros escuchamos en su intimidad por más que ellos compartan constantemente con los demás personajes; personajes enmarañados más en sus amores que en sus angustias laborales o existenciales.

Y pareciera ser este uno de los encantos más sabrosos de la película: asumir la vida con ligereza e ingenuidad, con el ingenio del humor y con el amor como única respuesta posible a tantas preguntas que nadie responde. La química entre todos los actores del elenco, tan genuina, transmite una frescura contagiosa que permanece mucho después de terminada la película.

Allen: Manhattan (1979)

Me encanta la calidez e inocencia que transmite Mariel Hemingway, la actriz que interpreta a Tracy. Junto con el encanto y la nostalgia que provoca Manhattan vista por los ojos de Woody Allen, Tracy captura mi atención con la franqueza de su mirada y la paz de su presencia. Ella hace que la película no sea sólo un “ensayo y error” sobre vivir en Nueva York, como el inicio, de ciudadanos resguardados en las excusas de manías y temores, sino también un acercamiento a los encantos de la ciudad, estos que descuidamos por cualquier pretensión pasajera y que descubrimos muy tarde.

Conversación sobre La teta asustada: el cuerpo, canto y mito del miedo

VERÓNICA:

Yo me quisiera centrar en lo particular en algo que coloqué en el blog, en la última entrada que hizo Eduardo.

Es un poco esta idea del lenguaje del cuerpo de Fausta. (es parte de mi tema de tesis, por eso me ha abierto nuevas miras)

Quizás una de las cosas que más expresa su cuerpo es miedo…es una de las cosas que más me atrapó de la película, sumado a esas fotografías hermosísimas.

CRISTINA:
Sí, es cierto, miedo que la lleva a una soledad terrible

VERÓNICA:
Estaba pensando en esta escena de las escaleras, no sé si recuerdan: Fausta venía con una amiga, y venían discutiendo…ella intenta irse adelante, y cuando ve que por las escaleras está subiendo un hombre, se detiene, se paraliza. El miedo generalmente paraliza, porque justamente el cuerpo pareciera que necesita detenerse.

CRISTINA:
Sí, eso también le impide relacionarse normalmente, como si la papa fuese una metáfora de esa barrera que se pone, debido al miedo

VERÓNICA:
Aparte que es un miedo transmitido, eso es lo más interesante, un miedo que no parte de una violación real, sin embargo, por medio de la teta, de la leche, parecieran fluir esos sentimientos. En particular, lo más bello son los lamentos, los cantos. La misma Fausta dice: “Cantemos para esconder nuestro miedo”

Yo morí con esa película.

CRISTINA:
Sí, las partes en que cantan en quechua son hermosas

Yo también, me tocó muchísimo

EDUARDO:
A mí me dio la impresión de que el miedo de Fausta se traducía en su voz, en su mirada y en su canto, como si su cuerpo fuese una manera de expresar y a la vez de matizar el dolor.

CRISTINA:
Yo no creo que matizara el dolor. Más bien creo que es un dolor interno que es también físico, no sólo por la cuestión de la papa, sino que hay algo allí muy en carne viva.

VERÓNICA:
Sí. Justamente el cuerpo se expresa de diversas maneras: la distancia con las personas, principalmente con los hombres, la mirada, la forma en que camina cuando anda sola,

VERÓNICA:
No sé si es para matizar, yo creo que no sabe cómo manejarlo.

Exacto, es como una herida abierta que siempre duele y sangre.

EDUARDO:
Sí, no sé si la palabra sea ‘matizar’, pero sí me parece que lo amaina al darle cuerpo como canto o como conversación en quechua con Noé, el jardinero.

VERÓNICA:
Pero a medida que empieza a tener contacto con el jardinero, intuí que es cuando ella empieza a liberarse…de todo o se permite cambiar…

CRISTINA:
Y el canto es una manera muy desgarrada de expresar el dolor, me pareció como si el canto fuera una exaltación del dolor

VERÓNICA:
Sí, es cierto. Hay otra canción dentro de la película muy hermosa que es la que canta cuando está en la casa de la pianista…

CRISTINA:
¿La que luego ella misma le roba?

VERÓNICA:
Sí, terrible esa escena. Allí se muestra, y como para ir entrando en la forma en que se presenta la marginalidad y la opulencia…

CRISTINA:
Sí, aunque cuando Fausta la escucha creo que se emociona, no tiene maldad para entender que la pianista se la robó, sino que se siente agradada porque a la gente le guste, de hecho ella lo dice después cuando van en el carro, antes de que la dejen botada.

VERÓNICA:
Sí, pero a mí me pareció que justamente la señora la baja del auto cuando ella le comenta que a todos les gustó. Sentí que de alguna manera Fausta la había herido, sin saberlo. Le hirió el orgullo, aunque no creo que lo haya hecho adrede. Como vos decís, Fausta está dormida. Al comienzo de la película se dice que las personas que nacen con la teta asustada, se dicen que nacen sin alma..

CRISTINA:
Oh, no recordaba esa parte

VERÓNICA:
Y tal vez no entiende muchas cosas…

CRISTINA:
Pero sí, exacto, la hiere sin darse cuenta.

VERÓNICA:
Y una de ellas es que no ha aprendido a hacer el mal

CRISTINA:
Sí, la otra piensa que adrede, que se lo está sacando en cara.

VERÓNICA:
Por eso creo que más que liberación lo que sufre Fausta es un despertar…

CRISTINA:
Es como si Fausta tuviese acceso a algo que la pianista admira y no puede encontrar en sí misma, se podría decir incluso que Aída (creo que así se llama) envidia a Fausta porque no puede acceder a ese terreno que es del miedo pero también de algo muy hermoso y atávico.

VERÓNICA:
Sí. Es así.

¿Aida es que la llama Fausta a ella?

CRISTINA:
No.

VERÓNICA:
Ajá, me parecía.

CRISTINA:
La llama con el nombre de la anterior mujer de servicio

VERÓNICA:
Eso es algo que dejó pensando mucho

CRISTINA:
No recuerdo cuál era

VERÓNICA:
Qué terrible, es como decirle que no existe, es negarla.

CRISTINA:
Sí, como si fuese una cosa que está allí, ni se molesta en voltear a verla las primeras veces.

VERÓNICA:
Llamar a una persona con otro nombre es negarle su existencia, su identidad. Qué fuerte la película, desde todo sentido…

CRISTINA:
Le comentaba a Eduardo que es una de las películas más tristes que he visto, pero también es poética

VERÓNICA:
Creo que esos momentos donde muestran la cara de la marginalidad, también es una forma de contrastarlo con lo otro, porque esa casa es algo mágico en cierto punto. Por ejemplo el jardín, el jardinero, la presencia del hombre…

CRISTINA:
Sí, las perlas.

VERÓNICA:
Esto me recuerda mucho a Clarice Lispector con su novela La manzana en la oscuridad.

CRISTINA:
jaja, ¡cierto! no leí esa pero sí me recuerda en algo a ella en general. No sabría precisar bien dónde está la conexión, pero hay algo
VERÓNICA:
En ese libro el protagonista es un hombre, sin embargo también se produce como un despertar en el personaje, una construcción del ser, y también la oscuridad vs luz. Esa novela es increíble.

CRISTINA:
Me gustaría leerla después.
VERÓNICA:
A mí me gusta que otros se enamoren de mis preferidos jajaja

CRISTINA:
Sí, eso pasa

VERÓNICA
Creo que la conexión es esa: Fausta está dormida…¿recordás al final, cuando el tío le tapa la boca…? y ella se desespera..
¡¡¡¡Qué escena tan fuerte!!!! y él le dice: “ahhh entonces quieres vivir…”

CRISTINA:
Y él le dice “respiraste, eso es que quieres vivir” o algo parecido. Bueno, una de las cosas que más me llamó la atención fue en cuanto a la marginalidad: esas escenas “festivas” y kitsch.

VERÓNICA:
Entonces creo, en el fondo, que la imagen de la papa en la vagina connota muchas cosas. Incluso podría pensarse que es la misma Fausta, escondida, miedosa… no sé, es algo que pienso ahora conversando

CRISTINA:
Sí, además le salen raíces y ella las corta, aparte se va infectando

VERÓNICA:
Sí. Es impresionante. Esa película es bella pero también es triste. Por eso esas escenas festivas, realmente dan risa, a mí me dieron risa, creo que están para relajar en parte.

CRISTINA:
Sí, como que se va trancando tanto en sí misma que llega un punto en que no lo soporta, que es cuando le dice al jardinero que quiere que se la saquen

VERÓNICA:
Ay…y llora encima de él, esa parte me pareció importantísima, la verdad.

CRISTINA:
Sí, es muy linda y el vestido que ella lleva

VERÓNICA:
Sí, ah ¡¿el azul?!

CRISTINA:
Porque venía de la fiesta. Sí, y las perlas en la mano, es genial.

VERÓNICA:
Sí, le decía a Eduardo que cuando la vi por segunda vez fue cuando descubrí nuevas cosas.

CRISTINA:
Yo la vi sólo una, pero me provoca volver a verla. ¿Qué descubriste en la segunda?

VERÓNICA:
Creo que descubrí o puse en relación más directa el cuerpo y la forma en que se expresa; ese lenguaje que sólo Fausta conoce y me detuve en el hombre, en el jardinero, porque fue un personaje que la primera vez no lo noté mucho, y ahora me doy cuenta de que es por él que Fausta despierta.

CRISTINA:
Yo no me fijé tanto en eso, claro que noté que era huidiza, pero no me he percatado mucho de eso, lo de transmitir el miedo mediante el lenguaje corporal

VERÓNICA:
Yo creo que hay entre los dos un vínculo hermoso…¿Recordás cuándo él le lleva los caramelos? ella pone la mano, y cuando él se los da, ella los tira y forman la imagen de los vidrios rotos y el piano…..

CRISTINA:
Eso sí

VERÓNICA:
Una fotografía wow

CRISTINA:
Sí, ella lo va dejando entrar. Es hermoso sí, le dice que el piano aún está vivo, que suena

VERÓNICA:
Hay como una vinculación importante entre ambos. La verdad es Clarice pura jajaa

Ayyy sí…claro, eso se lo dice por ella.

CRISTINA:
jajaja sí tienen relación; Clarice y La teta…, digo

VERÓNICA:
Es que justamente lo que más amo de Clarice es esa oscuridad que ronda siempre en los personajes y en todo…y siempre la devela; hermosura pura.

CRISTINA:
Si, juega mucho con eso: luz/ oscuridad, lo luminoso en la oscuridad y viceversa, al menos así lo veo; en ese canto de dolor hay algo de luz y en esas escenas festivas hay algo oscuro

VERÓNICA:
Sí, porque a pesar de verse muy alegre, hay uno que no está dicho y que deambula entre todos ellos. Vos fijate, hay una parte fea, a mi parecer, que es el momento en que la boda termina y se sacan la foto como con unas cataratas de fondo… ¿recordás?

CRISTINA:
jajaja sí

VERÓNICA:
Eso me pareció fuerte, la verdad, me dio risa, pero a la vez lo sentí rudo.

CRISTINA:
Puede ser gracioso por lo kitsch, pero sí, unas cataratas y atrás un tierrero

VERÓNICA:
Sí, incluso me recordó a este otro director, a Kusturika.

CRISTINA:
Y ni siquiera se sitúan bien sobre la foto, algunos quedan fuera del encuadre.

He visto sólo un par de Kusturika.

VERÓNICA:
Gato negro, gato blanco aparece mucho de ese tipo de festejos donde se muestra unas bodas atiborradas.

CRISTINA:
Pero puede ser, en El tiempo de los gitanos creo que se llama, también se presenta la marginalidad de una forma aparentemente cómica pero también terrible

VERÓNICA:
Ay, yo la vi. Esa me gustó, fuerte también

La vida es un milagro es distinta.

CRISTINA:
Esa no la vi. Solo Gato negro. Gato blanco y la otra.

VERÓNICA:
Es decir, mírala, es muy bella…pero es loca a la vez, los personajes de Kusturika son especiales

CRISTINA:
Sí, luego la compraré, me interesa ver más de él.

VERÓNICA:
Sí, él es especial, es raro, y esa película tiene un comienzo increíble

CRISTINA:
¿No te parece que en La teta… hay una conexión entre las perlas y la canción de la sirena? La canción que le plagian… todo referente al agua

VERÓNICA:
Mmm…ajá, entiendo…lo que no está dicho es que entre ellas, Fausta y Aida, habían arreglado algo. Es posible que la misma Fausta le haya permitido tocar la canción a cambio de las perlas

CRISTINA:
Y el agua representa mucho lo emotivo, lo reprimido que brota, no sé, o ya estoy sacando conclusiones extrañas

VERÓNICA:
Eso me confundió un poco en la película.

CRISTINA:

No sé, yo creo que sí la engaña

VERÓNICA:
Sí hay engaño aunque no entiendo el tema de las perlas; ella le dice: usted me lo prometió

CRISTINA:
Le da perlitas y tal para que ella la cante una y otra vez, para ir sacándola.

VERÓNICA:
Y eso queda implícito, ajá.

CRISTINA:
Sí, no lo sé, yo lo ví como si la comprara con algo que para Aída es una miseria y Aída es también muy miserable pero para Fausta las perlas como que representan algo importante, le atraen.

VERÓNICA:
Lo de las perlas está confuso o aún no lo veo.

CRISTINA:
No está tan claro

VERÓNICA:
Entre ellas hubo un trato y que esta señora rompió… o eso se entiende cuando la baja del auto en una zona que Fausta no conoce.

CRISTINA:
¿No sería más bien que era un trato implícito, o sea, nunca se estableció un trato como tal? Pero ambas lo sabían, y Aída traicionó a Fausta, sin que siquiera se hubiese hablado de lealtad en un principio, siendo simplemente el hecho de cantarle una confianza que Fausta depositaba en Aída.

VERÓNICA:
Sí, una vez más se ve de qué forma Fausta y Aída vienen de diferentes mundos. Para la Fausta la palabra vale, acordate de los cantos, los lamentos de la madre…eran cantos orales, pienso, y eran palabras que su madre le transmitía…no sé es algo loco que estoy pensando. Por otro lado, Aída se aprovecha de esa inocencia de Fausta, porque claro, ella no sabe lo que es la maldad..

CRISTINA:
Sí, es un golpe para ella. Eso influye en que ella despierte.

VERÓNICA:
Sí, exacto, eso y el jardinero.

CRISTINA:

Porque luego va a buscar las perlas, y es cuando el jardinero la encuentra y la lleva al hospital

Él, el jardinero, muestra sus manos cuando va a entrar, siempre.

VERÓNICA:
Sí. eso me parece interesante

CRISTINA:
Sí, puede tener que ver con que trabaja con sus manos, siembra: sus manos son nobles, no sé

VERÓNICA:
¿Creo que eso se lo enseña la señora anterior o es algo que Fausta comienza a hacer?

CRISTINA:
No me acuerdo bien.

VERÓNICA:
Sí, pero me parece que al comienzo, apenas llega a la casa, la señora que la atiende a Fausta le habla de las manos, pero ahora me quedé con la duda. Lo voy a volver a revisar.

CRISTINA:
Yo también quedé con la duda

VERÓNICA:
Otra de las cosas…el cuerpo de la madre.

CRISTINA:
Uy, sí

VERÓNICA:
Lo tuvieron varios días dentro de la casa….

CRISTINA:
Es fuerte y muy graciosa la compra del ataúd

VERÓNICA:
Sí, ¡buenísima!

CRISTINA:
Los distintos motivos jajaja

VERÓNICA:
La imagen del cuerpo es compleja, creo que no reparé mucho en la madre, sí en los cantos del comienzo.

CRISTINA:
Tiene el cuerpo bajo la cama y lo saca.

VERÓNICA:
Pero eso de guardar un cuerpo tantos días me resulta extraño, incluso ¿viste que quería enviarlo como encomienda en un autobús?

Sí ja

CRISTINA:
Es como si todo lo que representa ese dolor estuviese en cierta forma oculto, como que lo intenta guardar, es algo muy de ella. Saca a la madre y le habla, corta la raíz de la papa

jajaja sí, es muy loco. No sé muy bien por qué lo hace

VERÓNICA:
Ajá, sí, ¿porque tal vez desprenderse del cuerpo de su madre significaba sacar de ella el dolor? Se me ocurre que le dio nuevamente miedo, acostumbrada siempre a lo mismo; porque no lo sé con certeza pero intuyo que la madre la mantuvo toda su vida hablándole de lo ocurrido.

CRISTINA:
Sí, no termino de comprender eso tampoco.

VERÓNICA:
Es como si la muerte de su madre comenzase un proceso en ella, porque es cuando ella comienza a trabajar en la casa

CRISTINA:
Sí, como de desprenderse de su madre y del miedo

VERÓNICA:
Es como el motor que dispara todo…

CRISTINA:
Puede ser, sí. La volveré a ver en estos días. Te juro, creo que es una de mis favoritas ahora

VERÓNICA:
jajaja la escogí bien entonces. Temía que no gustase mucho, porque bueno, hubo muchas propuestas de películas más de acción, polémicas, esta es distinta….yo quería algo más nuestro, latinoamericano.

CRISTINA:
No, vale, a mí me encantó.

VERÓNICA:
Y estuve tentada con varios directores pero me quedé con La teta…

CRISTINA:
¿Y sabes de más películas de esa directora?

VERÓNICA:
Digamos que quería que nuestros ojos se dedicaran un poquito a Latinoamérica, que tenemos tan buenos películas

CRISTINA:
No tendrá algo que ver con Vargas Llosa, ¿verdad? o es que es un apellido común en Perú

Sí, capaz tiene otra buena.

VERÓNICA:
Sí, es sobrina.

CRISTINA:
Exacto, hay buen cine latinoamericano.

Ah, mira tú.

VERÓNICA:
Tiene otra llamada Madeinusa.

CRISTINA:
Tengo mis reservas con Vargas Llosa como persona, no como escritor, pero esta mujer tiene que tener una gran sensibilidad por haber hecho esa película.

Hmm, capaz es buena.

VERÓNICA:
Sí, tiene una sensibilidad que comparto.

CRISTINA:
Exacto.

La teta asustada: Veinte bodas y un funeral

escrito por Blanca Vázquez
cinencuentro.com

Hay cerca de 124 mil peruanos en España. Muchos cuidan de nuestros niños y ancianos con una paciencia y suaves caricias dignas de admirar, otros trabajan con ahínco como autónomos y en negocios pequeños. Son trabajadores con una gran dignidad que forman muchas asociaciones solidarias y de apoyo mutuo, pero de los que poco más sabemos, a no ser que viajemos a su tierra, el Perú, algo que muchos tenemos en agenda, posponiendo una y otra vez. Mientras tanto, el cine es una ventana abierta a muchos viajes, aventuras culturales, por la que asoma no sólo la tan sobada y manida North American Way of Life, también otras miradas, más artesanales si se quiere, con las que las salas vibran por su esperada diferencia, por su orfebrería poética, por el alivio que produce ver otras realidades que están ahí, pero nunca están. Y de pantallas que vibran sabe muy bien el jurado de la Berlinale, a los que no les basta con directores de renombre, imágenes malabaristas o superestrellas en el menú. Lo tienen bien claro y premian “aquellas películas que consiguen poner en relación equilibrada la afirmación política y las formas poéticas de expresión”.

Si el año anterior Brasil fue la triunfadora con José Padilha, este año es una mujer, con medallas de Sundance (Madeinusa su anterior trabajo destacó en tan valorado festival y de ahí se hizo la ruta de numerosos festivales con mención y premios), la que sorprende como abanderada de un escaso cine peruano, Claudia Llosa. Y lo hace con un desnudo narrativo que recorre un mapa metafórico repleto de laberínticos oasis y cánticos, que se ha llevado el Oso de Oro de Berlín 2009 y el Premio de la Crítica Internacional, el FIPRESCI. La teta asustada es un barroco desprovisto de barroquismo, es un refresco exótico (desde nuestra mirada europea), es la visualización del miedo en el alma, es la historia política reciente de un país reflejada en unos ojos. Hermosos ojos negros de una maltratada cultura quechua, cuya lengua danza en nuestros oídos con respeto y admiración por guardar a buen recaudo palabras tan ancestrales.

Como Musas Heliconíadas, Fausta y su madre se ofrecen los cánticos de su vida, del recuerdo doloroso, de la herencia de una época de terror, de madre a hija, como una losa que portará Fausta hasta su liberación. “La teta asustada habla de entendimiento, de reconciliación, de perdón. Intento sacar temas que están subyacentes al imaginario colectivo de este país, y quieran o no, están ahí”, nos aclara su joven pero exitosa realizadora, sobrina del escritor Mario Vargas Llosa, peruana que vive en Barcelona.

Desfila ante nuestros ojos el sorprendente paisaje de esta tierra, su multiétnico pueblo, su ecléctico arte, su desequilibrio social, su alegría sencilla, sus sombras y tristezas en el alma, su miedo, sobre todo su miedo. El campo peruano sufrió la pesadilla de una guerra civil entre el movimiento terrorista de Sendero Luminoso y el ejército. La principal víctima fue el campesinado indígena, fundamentalmente quechua, que fue masacrado y utilizado por ambos bandos. La teta asustada cuenta del miedo atávico, transmitido de madre (maltratada y violada) a hija que todo lo vio desde el vientre materno. Mujeres embarazadas violadas y masacradas en su dignidad cuyo grito de dolor se solidifica en sus pechos, los que amantan la descendencia, de ahí el síndrome de la teta asustada.

Fausta, una bella joven de 19 años, es una hija del miedo, quien lucha con sus escasos recursos para conseguir el entierro y funeral que su sufrida madre recién fallecida merece. Mientras lo consigue ese cuerpo sin vida pero con el espíritu aún vagando por la casa, en la que vive también el tío de Fausta y su curiosa familia, espera su ataúd y lugar de reposo. Es esta parte, la búsqueda de un ataúd para la madre muerta, la presencia del cuerpo entre preparativos de bodas con un tono tan kitsch, el colectivismo comunitario alrededor de los festejos, lo que se insinúa con una pincelada almodovariana, quizá sin que Llosa haya sido consciente de esta influencia. Todo el conjunto, sin embargo, se desarrolla en clave naturalista, sin poder sustraerse a la sutil metáfora entre Fausta y Perú. Llosa ha fabricado un producto que tiene entidad propia, que representa un cine con etiqueta de calificación origen, que no pretende asemejarse al cine de tópicos y clichés que vende hoy en día, preocupándose de otras cosas. Y muchos se lo agradecemos. Es una cinta ganadora, porque enriquece a la audiencia. Aunque en las salas no consiga las colas de sus vecinas de acción desaforada y descerebrado encomio.

Fausta/Perú va liberándose de su pesada losa histórica de dolor. El proceso es lento, pero victorioso. No duda, Fausta, en hacerse con lo que le es debido, sus perlas, deslizándose en los aposentos protegidos de la otra identidad de Lima, los criollos privilegiados, quienes usan, a su vez, de las tradiciones indígenas y las transforman en creación personal. Aída es un buen ejemplo. Caprichosa compositora, a quien solo interesa aquello de Fausta que le puede dar gloria, sus cánticos.

Dentro de ese estilo austero y natural, en el que sigo insistiendo, una sutil sombra del manchego universal se hace sentir, la magia ancestral también flota haciéndonos fantasear como si de un personaje de Gabriel García Márquez fuera. El tubérculo y la princesa. La papa, viajada a Europa para salvarnos de nuestra propia hambre, de la que Perú tiene miles de variedades, se convierte en escudo contra el miedo, un muro que crea raíces que ahogan con la ignorancia. No es baladí que cuando Fausta empieza a autoliberarse se halla durmiendo en una estancia en la que está escrito bien claro: un Perú que estudia es un Perú fuerte. Con un ritmo lento, que remarca lo esencial, Claudia Llosa nos muestra una cultura sin clichés étnicos ortopédicos. Y el entendimiento entre directora y actriz nos subyuga.
Besamos con admiración la mano de esta dama, Magaly Solier, inclinándonos respetuosamente.

"Necesitas consuelo (…) Hay geranios, hortensias, jazmín. Y tú agarras margaritas"

Fausta, canto.
Antes de la imagen
música de la voz materna
ecos de dolor y nostalgia
recuerdos de guerra resguardados
en los vaivenes de la música
aunque nunca vividos.

El principio fue el canto. Esta voz maternal y moribunda resuena como si fuera cantada por los ancestros de la tierra; voz resonando en la oscuridad; dolor hecho canto transmitido a Fausta, cantos que suenan como mitos transformados en miedos.

Los sonidos, latidos de la imagen
de los colores pálidos, a veces áridos
de los ecos a la naturaleza
a la vida arraigada a la tierra
tierra reseca por el sol
por el dolor
Fausta, siempre flor.

El resto fue la naturaleza. Entre miedos e incertidumbres, resguardada en sus cantos, rodeada de indiferencias, Fausta pareciera haber sido sembrada como una de las plantas que Noé, el jardinero, intenta leer, pero arrancada como esa misma flor que ella lleva entre dientes. Ella se aísla de su entorno, mas no de sus raíces. En su voz y en su mirada se lee y se escucha el miedo y el dolor, estos que brotan de repente sugeridos a través de imágenes hechas de cantos, silencios y opacidades más que de diálogos y gritos.