Sociedad, suciedad. Impresiones sobre Saló o los 120 días de Sodoma

“Su Excelencia, ¿se convence: es cuando veo a otros degenerados que me regocijo sabiendo que es mejor ser yo mismo que ser de esa escoria llamada “el pueblo”? Siempre que los hombres sean iguales, sin esa diferencia, la felicidad podrá existir”

Así me imagino el Infierno: como Saló o los 120 días de Sodoma: un lugar ca(r)gado de sufrimiento, desprovisto de efectismos, más bien refinado en sus perversiones; un lugar que hace girones de los prejuicios y se muestra cínico y placentero ante los castigos que impone a sus invitados.
El Infierno hace grito, gemido, mierda, sangre, en fin, excrecencia, de la palabra.

Antesala al Infierno. “Todo es bueno cuando es excesivo”
Estamos hechos de leyes. Convivimos por máscaras, por costumbres.
Cada historia narrada por las señoras (eufemismo de prostitutas), una antesala al morbo, una provocación. Narrar es provocar, excitar.

Círculo de las Manías. “Mi viejo culo es un principio de refinamiento”
Somos lo que narramos; la distancia entre la boca y el ano: somos cuerpo y excrecencia.
Las entrañas y el cerebro nos escinden entre animales e hipócritas.

Círculo de la Mierda. “Y no creas que tus lágrimas frenan mi deseo. Al contrario, lo hacen más cruel”
Somos las mañas de los demás: nos tragamos la mierda que la sociedad defeca con sus arbitrariedades.
Sin imagen, sin metáfora: la mierda pudre la mentira, el silencio y la conformidad.
Comer, en la mesa, lo que cagas: violar una costumbre social con un rito natural. Se desgarra la igualdad pretendida. Comemos lo que somos.

Círculo de la Sangre. El artista se suicida. El arte no es salvación, ni redención. Tal vez ni sea transformación. Ya ni siquiera es acompañamiento en el Palacio de Sodoma.

Decir que Salò o los 120 días de Sodoma es una metáfora de la sociedad permite al espectador alejarse de ella casi cínicamente: cada elemento es visto e identificado como símbolo de alguna parte de la realidad. Decir que son imágenes de una sociedad es entrañar su poesía: encontrar el malestar y la enfermedad de una sociedad a través de las náuseas y el asco propios.
Decir es diluir la naúsea de estas imágenes en interpretación cuando el malestar que provoca la película, más fuerte que las palabras: yo también estoy acostumbrado al plato de mierda que le corresponde a cada parte de la sociedad: las costumbres, las leyes, las instituciones: la violencia transformada en poder que anula a la persona, y apenas deja el cuerpo y girones de conciencia para recordarnos lo conformes que nos volvemos.

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