El color y la voz, relojes del despecho


“Él me podrá engañar con todo, menos con la voz” (Pepa)

ROJO. Si amar es enloquecer, ¿qué queda para el despecho?
Cada color en “Mujeres al borde de un ataque de nervios” es un grito: de dolor, de llamar la atención, de despecho, de locura, de arrebato. Los accesorios de los personajes y de sus vidas muestran una paleta visual y auditiva, primitiva casi, sobre los deseos, los secretos y las frustraciones de cada uno de ellos. Cada color engatusa, no por lo abigarrado dentro de la escena, sino porque paulatinamente convierte al personaje en un adorno más del decorado.

BLANCO. Si la música nos pone en ambiente, la voz desnuda cualquier mentira.
Ninguna voz parece estar sincronizada. ¿Acaso Lola e Iván están doblando, en tiempos dispares, unos sentimientos que ya el cine ha desdoblado? ¿Somos seres desdoblados o doblegados por el cine -por lo que está sólo virtualmente, a medias- o son Iván y Lola los incomunicados -donde lo común es un teléfono, una grabadora, en fin, una máquina y no la presencia del otro-? Dudas, preguntas que tiemblan entre el desasosiego y la lucidez.

AZUL. Control, franqueza, calma: sensatez de que, ahora en adelante, lo que viene es dolor. Si todas estas mujeres están locas, Lola es la que asume su locura con más desenfado.

Los colores y las voces de la película dan pistas de un ritmo y de una composición alborotados por el humor y por la incertidumbre que terminan resonando como el melodrama al que se van abandonando los personajes. Este no es el melodrama de la compasión a través del llanto, sino de la risa desesperada, del leve gusto que se le agarra a lo que duele tanto. Por esto, la gama de rojos intensos, de blancos pasteles, de azul marino armonizan entre las voces desincronizadas, como si la armonía se lograra a fuerza de esas voces que de tanto intentar ser escuchadas, terminan hundiéndose en la ridiculez y en el placer de su propio patetismo. Así, el ritmo se hace de acelerar, de volver casi histérico, un dolor que viene más temprano que tarde, de desatar los nervios no del susto sino de la risa a través de casualidades y errores.

Por último, el GAZPACHO: ese suspenso morboso con el que Pepa (con qué magia Carmen Maura engatusa con sus ojos y su voz) menciona los ingredientes, dejando tiempo para el temor y la risa, delatando con su voz lo que las palabras no dicen, quedando a solas con una versión más desquiciada y de mal gusto de ella misma, Lucía, y la que ha descubierto su “receta”. El gazpacho es la mezcla de sabores, colores, emociones y voces que acerca a estas mujeres a lo criminal e hilarante de su despecho.

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Un comentario en “El color y la voz, relojes del despecho

  1. El gazpacho, cual pastiche literario, un cóctel de ingredientes y emociones. Rojo, como el color que predomina y los tomates de Almodóvar ¿Recuerdas los tomates de los abrazos Rotos?. Parece que los primeros planos a los tacones de sus musas y lo rojo, son importantes en la estética de este gran cineasta.

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