"La tragedia del deseo". Rocco y sus hermanos (Visconti, 1960): Semana I.

“Debe haber un sacrificio para levantar una casa sólida”.

Rocco y sus hermanos está compuesta de imágenes que llevan el germen de la tragedia que se irá intensificando a lo largo de la película. A ratos, esa tragedia pareciera gestarse en torno a la inacción de un personaje principal, a pesar de que la historia esté fragmentada por capítulos titulados según cada uno de los hijos de la familia Parondi. Tal personaje es Rocco. No se trata de que él es alguien pasivo e indeciso con respecto a sus hermanos, sino que en los momentos de mayor tensión, prefiere sacrificar a alguien ajeno a la familia (aunque muy cercano para él), como es Nadia, en pos de justificar la posible y futura redención de su hermano Vincenzo, y la de toda su familia. Puede decirse que, a partir de cierto momento en la historia, Rocco toma las riendas para mantener a la familia y, en este giro, la insistencia de él por encubrir a su hermano mayor implica una ética que obliga a relegar al más vulnerable (Nadia, en este caso) para fortalecer la unión de la familia. ¿No es esta una “ética” del boxeo: el que gana lo hace dejando al otro golpeado en el piso? Ésta es una ética hecha estética a través de escenas como aquélla en la que están intercaladas la última pelea de Rocco con la muerte de Nadia.

A partir de aquí, la película me parece tan fascinante como contradictoria en las reacciones que genera en mí. Por un lado, el conflicto entre los personajes parece despertarse desde el deseo y es este movimiento irracional el que vuelve la película tan seductora: la manera en que una extraña (Nadia) nos presenta la familia y, paulatinamente, se vuelve el centro de atención desde la primera vez que los conoce. Ella es una fugitiva y no dejará de serlo durante toda la película (en algún momento, ella misma dirá “La que sale más perjudicada entre ustedes, soy yo”). Visconti también aprovecha algunos matices homoeróticos para asomar la relación manipuladora entre el organizador de las peleas y Vincenzo. Si la dinámica en el boxeo es la manera de entender las acciones de los hijos Parondi, el deseo descalabra el orden de la familia. Pero, por otro lado, la caracterización particular de Rocco es tan inmaculada, tan sesgado a rescatar a la familia que termina por separarla por completo, y que, si no fuera porque las consecuencias de su ceguera son tan evidentes, su personaje terminaría siendo llano y sin un conflicto interior (lo que genera reflexión es su manera de actuar, pero él no parece estar en conflicto por lo que le hace a Nadia). Y es aquí donde la película pierde su fuerza: es una tragedia tan delicadamente estudiada a través de un personaje principal casi mártir, que cuando estalla la resolución, las escenas se hacen sobrellevadas entre la música resaltando el drama y las actuaciones histriónicas. Hasta ese momento, la tragedia había sido una composición minuciosa de imágenes y metáforas del sacrificio, del poder y del deseo, que para cuando todo se descubre entre la familia, Visconti fuerza el dramatismo cuando la contensión ya ha engendrado gradualmente el final trágico.

Así, Rocco y sus hermanos retrata una ética de la familia en torno a la ciudad a través de la estética del deseo que rastrea Visconti a lo largo de la película. Tal ética es el boxeo como una esperanza de los Parondi para sobrevivir en la ciudad. Y tal estética sacrifica el éxito de la familia en pos de lo circunstancial y en la incapacidad de los Parondi de forjarse su salvación, porque incluso con las palabras reconciliadoras entre Ciro y Lucca, ahora restos de la familia desintegrada, es difícil sentir o ver alguna esperanza para los Parondi. Lo interno y lo externo de la historia y de la película se entrecruzan en el deseo: la llegada a la ciudad implica conocer a Nadia, transfigurada en la presencia reincidente de espejos, y la ruptura de la unión familiar escenificada en fragmentos que muestran, disimuladamente, las distintas metas que, en parte se han planteado y en parte les ha impuesto la ciudad, a los hijos Parondi. Al final, es evidente quién tiene que sacrificarse (ese “agente” externo) para aparentar cierta impresión de estabilidad.

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