Tráiler de Leviatán (Andrei Zvyagintsev, 2014)

Reciente ganadora del 58º edición del Festival de Londres.

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Algunas citas de Magnolia

Jimmy Gator: El libro dice “Puede que hayamos acabado con el pasado; pero el pasado no ha acabado con nosotros”.

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Earl Patridge: La amaba tanto… Y ella sabía lo que hice. Sabía todas las cosas estúpidas que había hecho. Pero el amor… era más fuerte que cualquier cosa en la que puedas pensar. ¡El maldito remordimiento! Oh, y voy a morir. Ahora me voy a morir… y te diré algo… el error más grande de mi vida… dejé ir a mi amor. ¿Qué fue lo que hice? Tengo sesenta y cinco años. Y estoy avergonzado. Hace un millón de años… el maldito remordimiento y la culpa, esas cosas, no dejes que nadie te diga que no debes arrepentirte de nada. No los dejes. ¡No! Te arrepientes de la mierda que te dé la gana. Úsalo. Úsalo. Usa ese remordimiento para lo que quieras, de la forma que quieras. Lo puedes usar. Oh, Dios mío. Es un camino largo y sin llegadero. Una pequeña historia final, digo… amor, amor, amor. Esta jodida vida… oh, es jodidamente difícil. Es tan larga. La vida no es corta, es larga. Es larga, maldita sea. ¿Qué hice? ¿qué hice? ¿qué hice? Phil, ayúdame, ¿qué hice?

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Dixon: Cuando el sol no funciona, el buen Señor trae la lluvia.

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Stanley Spector: [mirando la lluvia de sapos] Esto pasa. Esto es algo que pasa.

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Claudia Wilson: Ahora que te conocí, ¿te importaría no volver a verme?

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Claudia Wilson: Te diré todo, y tú me dirás todo, y tal vez podamos sortear toda la mierda y las mentiras que matan a las demás personas.

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Claudia WIlson: Me da muchos nervios que pronto me vayas a odiar. Vas a descubrir cosas sobre mí y me vas a odiar.

Jim Kurring: No. ¿Como qué? ¿A qué te refieres?

Claudia Wilson: Tienes tanto, tantas cosas buenas. Y te ves tan íntegro. Eres un policía y te ves tan recto y normal, sin problemas

Jim Kurring: Hoy perdí mi arma.

Claudia Wilson: ¿Qué?

Jim Kurring: Perdí mi arma hoy cuando te dejé, y soy el hazmerreir de mucha gente. Quería decírtelo. Que supieras lo que está en mi cabeza. Y me hace quedar como un tonto. Me siento como un tonto. Y dijiste que deberíamos decir cosas… que diríamos lo que estábamos pensando. Bueno, puedo decirte eso, esto, que perdí mi arma hoy, y no soy un buen policía. Y me menosprecian por eso. Y me asusta que una vez que sepas eso, ya no te gustaré.

Claudia Wilson: Jim. Eso, eso fue tan…

Jim Kurring: Lo siento.

Claudia Wilson: …genial. Eso que acabas de decir.

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Jim Kurring: [A Claudia] No puedo dejar ir esto. No puedo dejarte ir. Solo escúchame. Eres una buena persona. Eres una buena y hermosa persona y no dejaré que te alejes de mí. Y no te dejaré decir esas cosas, esas cosas sobre que eres estúpida y esto y aquello. Quieres estar conmigo, entonces está conmigo, ¿ves?

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Donnie Smith: Estoy enfermo y enamorado.

Thurston Howell: Pareces la clase de persona que confunde las dos cosas.

Donnie Smith: Es correcto. Es la primera vez que tienes razón. Confundo las dos cosas, y no me importa.

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Jim Kurring: Mucha gente piensa que este es un trabajo al que vas. Tomas la hora de almuerzo, y trabajo finalizado. Algo así. Pero es un asunto de 24 horas. No hay otra manera de hacerlo. Y lo que la gente no ve… es lo difícil que es hacer lo correcto. La gente piensa que si realizo un juicio los estoy juzgando a ellos, pero no es lo que hago. Y no es lo que debería hacerse. Debo observar todo y armarlo desde allí. A veces la gente necesita algo de ayuda. A veces la gente necesita ser perdonada. Y a veces necesitan ir a la cárcel. Y esa parte es muy truculenta para mí… tomar esa decisión. Quiero decir, la ley es la ley. Y, ay si la rompo. Puedes perdonar a alguien. Bueno, esa es la parte difícil. ¿Qué podemos perdonar? Es la parte difícil del trabajo. Es la parte difícil de caminar por la calle.

A propósito de Un eterno resplandor de una mente sin recuerdos

Recuerdo que antes de ver El eterno resplandor de una mente sin recuerdos tenía muchos prejuicios en torno a Jim Carrey y sus actuaciones dramáticas, lo catalogaba de “morisquetero” y nada más, como si yo fuese muy seria. Vi la película y me gustó, dejé a un lado mis juicios a priori, disfruté del argumento y de dos personajes sufrientes de eso que llaman amor.
  En aquel momento fue para mi una buena película, una buena historia, al igual que las actuaciones y nada más, no llegó a tocarme alguna fibra emocional o el punto de identificación de querer ser, o sentirse como. Dentro de la trama parecía verosímil que después de amar tanto podrías querer borrar todo recuerdo de un amor tan apasionado, desestimaba que eso podría pasar en la vida real,  al menos eso creía hasta el año 2012.
   Hace poco volví a ver la película en cuestión, lloré como una imbécil , decía “yo quiero hacer eso”, “quiero que me lo borren de la mente”, refiriéndome a aquel amor perdido y todo lo que conlleva, antes pensaba que jamás hubiese querido hacer algo así, porque siempre sobreviven las cosas buenas, los recuerdos, el amor, sin embargo cuando los recuerdos  se vuelven lacerantes sería grandioso restar, borrar de la mente de uno lo bueno, lo malo, todo, para no burlarse, para no sentir lástima, para no llorar.
   Al detallar la experiencia que tuve con esta película puedo afirmar que al cambiar mi sitio de enunciación mi opinión cambió, porque más allá de la crítica y la evaluación de un hecho ficcional somos seres humanos y por más que no queramos en gran medida emitimos nuestra opinión basándonos en la propia experiencia.
   Me pasó con Un eterno resplandor de una mente sin recuerdos lo que me sucedió con las primeras materias del área de Literatura y vida en la Escuela de Letras, las despreciaba porque simplemente no las comprendía, abordaba las lecturas y las clases desde los conceptos, más no desde la experiencia, porque no les encontraba sentido. Pasó el tiempo y me di cuenta que mi valoración hacia esta área de estudio dependía de una cuestión que corresponde a la esfera de la madurez, el entendimiento lúcido y la confrontación de mi propia ignorancia.
   Cuando vi por primera vez Un eterno resplandor… estaba contaminada de muchas concepciones, posturas que me no permitían disfrutar por completo de la experiencia cinematográfica, la vi cotejándola con otra cosa, evaluándola con la rigurosidad de una nota al pie de página.
    Luego me fui deslastrando de ciertas cosas, tuve en mi vida varías epifanías y comprendí viviendo lo que era una anagnórisis, le encuentro mayor sustancia a lo que dicen los poemas y aprecio la oportunidad de haber visto Literatura y vida y seminarios de simbología.
    Ahora otorgo oportunidades justas a lo que veo, a lo que leo, trato de confrontar lo que aprendí sobre el mundo ficcional, la verosimilud, la trama y la mimesis con lo que he vivido, con lo que me gusta y con lo que me doy licencia de creer.
     No quiere decir que todas las películas, libros y exposiciones que he presenciado hayan sido todas excelentes, experiencias de crecimiento espiritual o que encontré el sendero de la iluminación, simplemente me he dado la oportunidad de encontrar productos culturales de gran valor simbólico en sitios que antes me eran ajenos. Un eterno resplandor de una mente sin recuerdos fue la película que terminó de abrir la puerta para “aprender a ver” como decía Rilke.
  Gabriela Durán Arnaudes